Principal Culpa tuya

Culpa tuya

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Más romance, traición y misterio en Culpa tuya, segunda parte de «Culpa Mía», la saga romántica protagonizada por un chico malo con un gran corazón y una chica buena con muchas agallas.

Volumen:
2
Año:
2017
Edición:
001
Editorial:
MONTENA
Idioma:
spanish
Páginas:
448
ISBN 10:
8490438781
Serie:
Culpables
Archivo:
EPUB, 465 KB
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1 comment
 
Anna
Centroamericaaaaaaaaaaa
01 August 2021 (20:31) 

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1

Culpa Nuestra

Año:
2021
Idioma:
spanish
Archivo:
EPUB, 588 KB
5.0 / 5.0
2

Raquel

Año:
2018
Idioma:
spanish
Archivo:
MOBI , 775 KB
0 / 0
Culpa tuya ©




MercedesRonn


Después de todo lo ocurrido el verano pasado, tras las peleas, los engaños, las decepciones y sobretodo la difícil convivencia de Noah con su hermanastro, las cosas parecen ir sobre ruedas.

La vida de Noah dará un vuelco ahora que ya tiene dieciocho años y va empezar la universidad; tener que mudarse otra vez e intentar que su relación con Nicholas siga adelante, será algo en lo que ambos deberán trabajar; la diferencia de edad, las fiestas, la vida en el campus y los demonios interiores estarán acechando a ambos, poniéndolos a prueba una y otra vez.

No todo está superado, hay heridas que no se curan fácilmente y cuando se quiere tanto a una persona y esta termina por decepcionarte el dolor puede llegar a ser insoportable.

En el amor no todo es un camino de rosas, y Nick y Noah deberán aprender a enfrentarse a los obstáculos juntos sin dejar que nadie los separe. ¿Lo conseguirán? ¿Podrá Noah superar sus miedos y volver a confiar en alguien? ¿Podrá Nicholas abrir su corazón?

Culpa tuya es la segunda parte de Culpa mía, por lo que deberéis leer la primera parte antes que esta.

Esta obra esta registrada en Safe Creative con el código #1504233917108, por lo que no se puede copiar, plagiar, ni difundir por ningún medio.

Muchas gracias por todo el apoyo que le habéis dado a la novela, y espero que disfrutéis con esta segunda parte.

Gracias por los comentarios y por las personas que la difunden y la recomiendan, sois los mejores, ¡Os adoro! :)





Prólogo





La lluvia caía sobre nosotros, empapándonos, congelándonos, pero daba igual, nada importaba ya, sabía que todo estaba a punto de cambiar, sabía que mi mundo estaba a punto de derrumbarse.

-Te lo has cargado todo, ¿no lo entiendes? Ya no hay vuelta atrás, ni si quiera puedo mirarte a la cara...

Lágrimas desoladas caían por su rostro.

¿Cómo podía haberle hecho esto? Sus palabras se clavaron en mi alma como cuchilladas desgarrándome desde dentro hacía fuera.

-Ni siquiera sé que decir-dije intentando controlarme intent; ando controlar el pánico que amenazaba con derrumbarme, no podía dejarme... ¿no lo haría verdad?

Sus ojos se clavaron fijamente en los míos, con odio, con desprecio, una mirada que nunca pensé podía dirigirme a mí.

-Hemos terminado.-susurró con voz desgarrada, pero firme.

Y con esas dos palabras mi mundo se sumió en una profunda oscuridad, tenebrosa, y solitaria... una prisión diseñada exactamente para mí, pero me lo merecía, esta vez me lo merecía.

¡Hola a todos! Ya está aquí, ya he subido el adelanto y estoy muy contenta porque ¡Culpa mía ya tiene un millón de lecturas!

Todo gracias a vosotros, no sabéis lo feliz que me hacéis, me habéis ayudado a cumplir mi objetivo principal, conseguir que mi libro gustase a mucha gente y que se emocionaran con la historia.

Tengo que deciros que Culpa Tuya está en proceso de escritura, cómo máximo subiré los dos primeros capítulos, porque un libro debe corregirse una y otra vez hasta que quede perfecto, y se cambian muchas cosas mientras vas escribiendo. Todo debe tener una lógica y un sentido, y por eso no quiero subir más capítulos hasta que no esté terminado, espero que lo entendáis y que sigáis aquí cuando empiece a subir capítulos todos los días ;) Para aquellos que quieran enterarse de las novedades o que quieran ayudarme a difundir la novela, Culpa mía tiene una pagina en facebook, que podréis encontrar en mi perfil de Wattpad, al igual que podréis leer algunas citas de Culpa tuya en mi cuenta de instagram: @Mercedesronn Por ahí es como puedo comunicarme con vosotros así que espero que os paséis :) Gracias otra vez a todos, ¡os quiero con locura!





Capítulo 1


NOAH



Hoy por fin cumplía dieciocho años.



Aún recordaba como nueve meses atrás estaba contando los días para que por fin pudiese ser mayor de edad, tomar mis propias decisiones y largarme corriendo de este lugar.

Obviamente las cosas ya no eran como nueve meses atrás, todo había cambiado tanto que era increíble de solo pensarlo. No solo había terminado por acostumbrarme a vivir aquí sino que ahora no me veía viviendo en otra parte que no fuese esta ciudad. Había conseguido hacerme un hueco en mi instituto y también en la familia con la que me había tocado vivir.

Todos los baches que había tenido que ir superando, no solo en estos meses, sino desde que había nacido me habían convertido en una persona más fuerte, o al menos eso creía.

Habían pasado muchas cosas, no todas buenas pero me quedaba con la mejor: Nicholas. ¿Quién iba a decir que iba a terminar enamorándome de él? Pues estaba tan locamente enamorada que me dolía el corazón. Habíamos tenido que aprender a conocernos, aprender a subsistir como pareja, y no era fácil, era algo en lo que trabajábamos todos los días.

Ambos teníamos personalidades que chocaban mucho y Nick no era una persona fácil de llevar, pero lo quería con locura.

Por ese motivo estaba más triste que contenta ante la inminente fiesta de mi cumpleaños. Nick no iba a estar, hacía dos semanas que no le veía, se había pasado los últimos meses viajando a San Francisco, le quedaba un año para terminar la carrera y su padre le había abierto muchísimas puertas, y él se había aprovechado de cada una de ellas. Lejos quedaba el Nick que se metía en problemas, ahora era distinto, había madurado conmigo, había cambiado a mejor, aunque mi miedo era que en cualquier momento su antiguo yo volviese a salir a la luz.

Me observé en el espejo. Me había recogido el pelo en un moño desarreglado en lo alto de la cabeza, aunque elegante y perfecto para llevarlo con el vestido blanco que mi madre y Will me habían regalado por mi cumpleaños. Mi madre se había vuelto loca con la fiesta que había organizado, según ella esta iba a ser su última oportunidad de representar su papel, puesto que en una semana me graduaba en el instituto y poco después me mudaba a la universidad. Había mandado solicitudes a muchas universidades pero finalmente me había decantado por la UCLA de Los Ángeles.

Ya había tenido demasiados cambios y demasiadas mudanzas, no quería largarme a otra ciudad y menos alejarme de Nick. Él estaba en esa misma universidad, le quedaba un año y también sabía que lo más probable era que iba a terminar mudándose a San Francisco para trabajar en la nueva empresa de su padre, pero ya me preocuparía por eso más tarde, todavía quedaba un año y no quería deprimirme.

Me levanté del tocador. Me había maquillado especialmente para aquel día, aunque sin especial interés, más bien lo hacía por mi madre que estaba insoportablemente sensible últimamente. Mis ojos estaban perfectamente delineados, dándole un aspecto gatuno y muy bonito. Mis labios estaban coloreados de un color rojizo natural y mis mejillas ligeramente sonrosadas.

Me alejé del espejo y antes de ponerme el vestido, mis ojos se fijaron en la cicatriz de mi estómago. Uno de mis dedos acarició aquella parte de mi piel que estaría dañada y marcada de por vida y sentí un escalofrío. El estruendo del disparo que acabó con la vida de mi padre resonó entonces en mi cabeza y tuve que respirar hondo para no perder la compostura.

No había hablado con nadie de mis pesadillas ni del miedo que sentía cada vez que pensaba en lo ocurrido, ni como mi corazón se disparaba enloquecido cada vez que un estruendo demasiado fuerte sonaba cerca de mí. No quería admitir que mi padre había vuelto a causarme un trauma, ya bastante tenía con no poder quedarme a oscuras a no ser que fuese con Nick a mi lado, no pensaba admitir que ya no podía dormir tranquilamente, ni que no podía dejar de pensar en mi padre muriendo justo a mi lado, ni como su sangre salpicando mi rostro me había convertido en una loca total. Cuando me duchaba era incapaz de no frotar mi mejilla izquierda compulsivamente durante varios segundos, eran cosas que me guardaba para mí, no quería que nadie supiese que estaba más traumatizada que antes, que mi vida seguía presa por los miedos que aquel hombre me había causado. Mi madre en cambio, estaba más tranquila que en toda su vida, aquel miedo que siempre había intentado ocultar había desaparecido, ahora era completamente feliz con su marido; ya era libre. A mí me quedaba un largo camino por recorrer y el problema es que no sabía muy bien a dónde dirigirme.

- ¿Aún no te has vestido?-me pregunto entonces aquella voz que me hacía reír a carcajadas casi todos los días.

Me giré hacia Jenna y una sonrisa apareció en mi rostro. Mi mejor amiga estaba espectacular, como siempre. Hacía poco que se había cortado el pelo, ya no lo llevaba tan largo sino corto a la altura de los hombros. Había insistido en que yo hiciese lo mismo pero yo sabía que a Nick le encantaba mi pelo largo así que lo había dejado tal cual. Ya me llegaba casi hasta la cintura pero me gustaba tal y como estaba.

- ¿Te he dicho ya lo que admiro tu culo respingón?- me soltó adelantándose y, dándome una palmadita en el trasero.

-Estás loca-dije cogiendo mi vestido y pasándomelo por la cabeza. Jenna se acercó a la parte donde había una caja fuerte justo debajo de donde estaban los zapatos. No tenía ni clave ni nada porque no la utilizaba pero desde que Jenna la había descubierto le había dado por guardar ahí todo tipo de cosas.

Solté una carcajada cuando sacó una botella de champán y dos copas.

-Brindemos porque ya eres una adulta-dijo sirviendo dos copas y tendiéndome una. Sonreí, sabiendo que no debería beber, si mi madre me veía me mataría pero necesitaba esa copa si iba a tener que aguantar toda una noche siendo el centro de atención y sin Nick para cogerme de la mano.

-Por nosotras-agregué yo.

Brindamos y nos llevamos la copa a los labios. Estaba riquísimo, tenía que estarlo, era una botella de Cristal y costaba más de 300 dólares, pero Jenna hacía todo a lo grande, estaba acostumbrada a ese tipo de lujos, se había criado en una cuna de oro y nunca le había faltado de nada.

-Ese vestido es impresionante. -dijo observándome embobada.

Sonreí y me observé en el espejo. El vestido era precioso, de color blanco, apretado al cuerpo, estilo romano y con un encaje delicado que me llegaba hasta las muñecas dejando entrever mi piel clara en distintos dibujos geométricos. Los zapatos también eran preciosos y me hacían estar casi a la misma altura que Jenna. Ella iba con un vestido corto de vuelo y de color burdeos. Estaba espectacular, como siempre.

-Abajo hay un montón de gente-me dijo dejando la copa de champán junto a la mía. Yo hice lo contrario, la cogí y me bebí todo el líquido burbujeante de un solo trago.

-Ni me lo digas-dije poniéndome nerviosa. De repente me faltaba el aire. Aquel vestido era demasiado apretado, no me dejaba respirar con libertad.

Jenna me observó y sonrió de forma cómplice.

- ¿De qué te ríes?-me quejé, envidiándola por no tener que pasar por lo que yo.

-De nada, es que sé como odias este tipo de cosas, pero tranquila, solo será al principio, en cuanto los padres se marchen... -dijo acercándose a mi oreja-estarás tan borracha que no te acordarás ni de tu nombre. -agregó sonriendo y dándome un beso en la mejilla.

En cualquier otro momento me habría negado, pero aquella noche se me iba a hacer eterna si no me tomaba alguna otra copa de más.

- ¿Bajamos?-me preguntó entonces acomodándose el vestido.

-Qué remedio.

Habían transformado todo el jardín de fuera. Mi madre estaba loca, había hecho contratar una carpa blanca que habían colocado en el jardín, con un montón de mesas redondas de color rosa, un montón de globos, camareros con chaquetas y pajarita y una barra de bebidas sin alcohol y un catering especializado con todo tipo de comida. Esto no me pegaba nada, pero sabía que mi madre siempre había querido organizarme una fiesta de cumpleaños así, siempre había bromeado con mis dieciocho años y mi mudanza a la universidad, habíamos jugado a decir qué cosas habríamos contratado en la fiesta si nos tocaba la lotería, y tanto que nos había tocado la lotería: aquello era pasarse de la raya.

Cuando aparecí en el jardín todos me gritaron feliz cumpleaños al unísono, como si no hubiese sabido que estaban todos allí esperándome. Mi madre se me acercó y me dio un gran abrazo.

-Felicidades, Noah-me dijo estrechándome con fuerza. La abracé y vi aturdida como tras ella se creaba una cola para desearme feliz cumpleaños. Habían acudido todos mis amigos del colegio, junto con muchos padres de los que mi madre se había hecho amiga y también muchos de nuestros vecinos y amigos de William. Me puse tan nerviosa que inconscientemente mi mirada empezó a buscar a Nicholas por el jardín; solo él conseguiría calmarme, pero no había ni rastro de él, ya lo sabía, no iba a venir, estaba en otra ciudad, no lo vería hasta dentro de una semana para mi graduación, pero una parte pequeñita de mí aún esperaba verle entre toda aquella gente.

Estuve saludando a los invitados más de una hora hasta que finalmente Jenna y Kat, otra amiga que había hecho en el colegio, se me acercaron para arrastrarme hasta la barra de bebidas. Había dos, una para los menores de 21 años y otra para los padres. Necesitaba una copa de inmediato o me volvería loca.

-Tienes tu propio cóctel-me dijo Kat, soltando una risita. Kat había pasado a ser mi amiga poco después de que empezasen las clases. Al contrario que Jenna, se parecía un poco más a mí, le encantaba la literatura, se había leído los mismos libros que yo, no estaba tan loca como Jenna y era una persona dulce y alegre. Su pelo era de color marrón rojizo y tenía unos bonitos ojos azules, tenía cara de buena y es que lo era, a la pobre la volvíamos loca entre Jenna y yo.

-Mi madre ha terminado por perder la cabeza-les dije mientras un camarero nos serbia mi coctel. Me observó y sonrió intentando no soltar una carcajada. Genial, seguro que pensaba que era una snob.

Cuando vi la bebida, casi me da algo. Era una copa de Martini con un líquido de color rosa chillón con azúcar de colores pegada por el borde y una fresa decorativa en uno de los lados. Atada en la parte baja de la copa había un lacito con un 18 hecho con pequeñas perlas de color blanco.

- ¡Es tan yo!-dijo Kat cogiendo uno y casi dando saltitos de alegría. Jenna y yo nos miramos y no pudimos evitar soltar una carcajada. Le sonreí en agradecimiento a la camarera y nos alejamos de allí.

-Le falta el toque especial-dijo Jenna sacando una petaca a escondidas y echándonos alcohol en nuestras copas. Así estaba mucho mejor, pero iba a tener que controlarme si no quería ponerme como una cuba antes de que fuese media noche.

La gente se había ido sentando para cenar. En mi mesa estaba Lion, Matt, un amigo de clase, Jenna, Kat, y yo. A mi lado las mesas estaban llenas de mis amigos de clase que parecían estar pasándoselo en grande. Solo los conocía de ese año, pero mi madre había insistido en invitarlos a todos.

La verdad es que hubiese preferido una fiesta intima, con mis mejores amigos y ya, pero había sido imposible convencerla.

Algunos de los allí presentes habían participado aquella vez que me habían encerrado en un armario a oscuras y a pesar de las disculpas no había sido capaz de perdonarlos a todos. Menos mal que Nick no estaba, porque más de uno se habría vuelto a llevar una buena paliza.

La cena fue agradable, todo era delicioso, mi madre había elegido mis platos preferidos y empecé a disfrutar de lo que habían organizado para mí. Era afortunada, debía admitirlo.

Gracias a Dios, los amigos de Will y los padres que habían venido se fueron yendo después de la cena. Los camareros se apresuraron en sacar las mesas y dejaron una gran pista de baile para que pudiésemos bailar. Las luces se atenuaron y antes de que me diera cuenta la carpa se había convertido en una discoteca al aire libre. Un DJ bastante bueno estaba pinchando todo tipo de música y mis amigos ya estaban bailando como locos. La fiesta era un éxito.

Jenna me había arrastrado a bailar con ella y ambas estábamos pegando saltos como locas. Estaba muerta de calor, el verano ya estaba a la vuelta de la esquina y se notaba.

Lion nos observaba atentamente desde un lado de la pista.

Estaba apoyado en una de la columnas y se fijaba en como Jenna movía el culo como una loca. Me reí, y ya cansada dejé a Jenna bailando con Kat.

- ¿Te aburres, Lion?-le dije deteniéndome a su lado.

Él me sonrió divertido, aunque vi que algo le preocupaba.

Sus ojos seguían fijos en Jenna.

-Felicidades, por cierto-me dijo ya que aún no había tenido la oportunidad de verle a solas. Me parecía raro verle allí solo sin Nick. Lion no conocía mucho a los de nuestra clase; Lion y Nick nos sacaban cinco años a Jenna y a mí y se notaba la diferencia de edad. Los de mi clase eran bastante más inmaduros que ellos dos y era normal que no quisiesen salir con nosotras cuando lo hacíamos con ellos.

-Gracias-le dije- ¿Sabes algo de Nick?-le pregunté sintiendo un pinchazo en el estómago. Aún no me había llamado ni me había mandado ningún mensaje. Sabía que estaba liado pero hoy era mi cumpleaños, podría haberme llamado ¿no?

-Ayer me dijo que estaba hasta arriba de trabajo, que en el bufete apenas le dejan ir a comer, pero no le faltó tiempo para decirme que no te quitara los ojos de encima-agregó mirándome y sonriendo.

-Tus ojos sí que parecen estar fijos en una persona en particular-le dije viendo como volvía a mirar a Jenna. Esta se giró en aquel instante y una sonrisa de verdadera felicidad apareció en su rostro. Estaba enamoradísima de Lion, cuando se quedaba a dormir aquí nos quedábamos horas hablando sobre lo afortunadas que éramos de habernos enamorado de chicos que eran mejores amigos. Sabía de primera mano que Jenna no iba a querer a nadie que no fuese él y me encantaba pensar que Lion estaba igual de pillado que ella. En este tiempo había terminado por adorar a Jenna, era de verdad mi mejor amiga, la quería muchísimo, había estado ahí siempre que la había necesitado y me había hecho comprender como debía ser de verdad una amiga; no era celosa ni manipuladora ni rencorosa como había sido Beth en Canadá, y por supuesto sabía que era incapaz de hacerme daño, al menos intencionadamente.

Ella se acercó a nosotros y le dio un sonoro beso a Lion. Él la sujetó con cariño y yo me aparté de ellos poniéndome triste de repente. Echaba de menos a Nick, quería que estuviese aquí, le necesitaba. Volví a mirar mi teléfono y nada, no había ninguna llamada ni ningún mensaje suyo. Estaba empezando a molestarme, no tardaba nada más que unos segundos en mandarme un mensaje ¿Qué demonios le ocurría?

Me acerqué a la barra, donde un barman servía copas a los pocos mayores de 21 que aún quedaban por allí. Era el mismo que antes se encargaba de servir mis cocteles con la ayuda de otra camarera.

Me senté en la barra y le observe, planteándome como camelármelo para que me sirviera una copa.

- ¿Qué hay?-le dije.

«Muy original, lo sé.»

-Felicidades, señorita-me dijo con una sonrisa divertida.

Asentí agradeciéndoselo.

- ¿Quiere que le sirva algo?-me preguntó y vi como su mirada se desviaba al final de la sala.

- ¿Sería mucho pedir que me sirvieras algo que no sea rosa y que tenga alcohol?-le pregunté, sabiendo que me iba a mandar a Dios sabe dónde.

Para mi sorpresa sonrió y asegurándose que nadie le viera sacó un pequeño vasito de chupito, y lo rellenó con un líquido blanco.

- ¿Vodka?-le pregunté sonriendo.

-Si preguntan, yo no he sido-me contestó mirando hacia otro lado.

Me reí, y me llevé rápidamente el chupito a la boca. Me quemó la garganta pero estaba realmente bueno. Con las copas que llevaba y los cuatro cocteles a la Noah que me había bebido, el chupito ya hizo que me diera vueltas la cabeza.

Me giré y vi a Jenna arrastrando a Lion a una esquina a oscuras. Me estaba entrando depresión de ver a mis amigos abrazados y besándose.

Maldito seas Nicholas Leister por no desparecer de mi cabeza ni un segundo del día.

- ¿Uno más?-le pregunté al camarero, sabía que estaba abusando, pero era mi fiesta, me merecía beber lo que quisiese, ¿no?

Pero antes de que pudiese llevarme el vasito a la boca una mano apareció de la nada, deteniéndome y quitándomelo de las manos.

-Será mejor que no-dijo una voz.

Esa voz.

Levanté la mirada y ahí estaba él: Nick. Vestido con camisa y pantalones de vestir, con su pelo oscuro ligeramente despeinado y sus ojos celestes brillando con una emoción contenida, misteriosa, y al mismo tiempo rebosante de felicidad.

- ¡Oh, Dios mío!-grité llevándome las manos a la boca. Una sonrisa apareció en su rostro, mí sonrisa. Salté a sus brazos un segundo después. - ¡Has venido!-le grité en la oreja, apretujándolo contra mí, sintiendo su olor, sintiéndome entera otra vez.

Me estrechó con fuerza, y sentí que por fin podía respirar.

Estaba aquí, o Dios mío estaba aquí conmigo.

-Te he echado de menos, pecas-me dijo al oído para después tirar de mi cabeza hacia atrás y posar sus labios sobre los míos.

Sentí cómo mis terminaciones nerviosas se despertaban, hacía catorce largos días que no sentía su boca contra la mía, ni sus manos sobre mi cuerpo. De repente me preocupé por mi aspecto, llevaba semanas pasando de arreglarme y entonces caí en la cuenta de que estaba perfecta gracias a mi madre y Jenna, madre mía ¿lo sabían? ¿Sabían que vendría?

Me apartó y sus ojos recorrieron mi cuerpo con avidez.

-Estás preciosa-susurró con voz ronca, colocando sus manos en mi cintura y apretándome contra él. Sabía lo que se le estaba pasando por la cabeza, lo mismo que a mí, y sentí que se me aceleraba el corazón.

- ¿Qué haces aquí?-le pregunté intentando controlar las ganas que tenía de seguir besándolo. Sabía que no podíamos hacer nada, estábamos rodeados de gente, y nuestros padres estaban por allí... me puse nerviosa, no podía esperar, necesitaba besarle, necesitaba sentir sus manos tocando mi piel.

-No pensaba perderme tu cumpleaños-me dijo y sus ojos volvieron a desviarse a mi cuerpo. Notaba como la electricidad surgía entre los dos. Nunca habíamos pasado tanto tiempo separados, por lo menos desde que empezamos a salir, me había acostumbrado a tenerle conmigo todos los días por lo que aquello había sido una completa tortura.

Su mano tiró de mí hacia su pecho y sus labios fueron directos a mi oreja. Me rozó apenas la piel sensible de mi cuello y sentí que me moría ante ese simple roce de su boca sobre mí.

-Necesito estar dentro de ti-me soltó entonces.

Dios... no podía soltarme algo así, no delante de tanta gente.

Me temblaron las piernas.

-Aquí no podemos-le contesté en un susurro, intentando controlar mi nerviosismo. El alcohol iba a pasarme factura, lo sabía.

- ¿Confías en mí?-me preguntó entonces.

¿Qué pregunta tonta era esa?, no había nadie en quien confiase más.

Le miré a los ojos, esa era mi respuesta.

Sonrió de esa forma que me volvía loca.

-Espérame en la parte de atrás de la casa de la piscina-. Me dio un pico rápido y se apartó de mí. Le vi marcharse a saludar a los invitados, desprendía seguridad por todos los poros de su cuerpo, me quedé unos segundos observándolo, sintiendo que las mariposas en mi estómago empezaban a hacerme de las suyas.

¿La casa de la piscina?

Estaba loco, nos verían, la casa no estaba mucho más lejos de lo que me encontraba yo de los invitados en aquel momento.

Intentando controlar mi respiración cogí el chupito sin beber que estaba en la barra y me lo llevé a la boca. El líquido me tranquilizó por unos segundos. Respiré hondo y me encaminé a la piscina que estaba más allá que la carpa en donde la gente bailaba y se divertía. Caminé por el bordillo intentando no caerme al agua hasta llegar a la pequeña casa que había detrás. Al otro lado estaban los árboles que rodeaban la casa y un poco más allá el ruido de las olas del mar al chocar contra el acantilado me llegó hasta los oídos. Apoye mi espalda contra la pared trasera de la casa, aún escuchando los ruidos de la gente. No estaban a más de seis metros.

Cerré los ojos nerviosa, y entonces le escuché llegar. Sus labios se posaron tan deprisa sobre los míos que apenas pude decir nada. Abrí los ojos y me encontré con su mirada.

Sus ojos lo decían todo.

-No tienes ni idea de cómo he echado de menos hacer esto-dijo cogiéndome del cuello e introduciendo su suave lengua entre mis labios entreabiertos.

Me derretí, literalmente, entre sus brazos.

-Dios... cómo he ansiado tocarte-dijo y sus manos me recorrieron el costado, de arriba abajo mientras su nariz acariciaba mi cuello con infinita lentitud.

Mis manos volaron hasta su cuello y lo atraje a mi boca otra vez. Esta vez nos besamos con más desesperación, calentándonos como el fuego ardiente de un incendio, su lengua enroscándose ferozmente con la mía, y su cuerpo duro apretándose contra mí.

Quería tocarlo, quería sentir su piel bajo mis dedos.

-No puedes hacer ruido-me advirtió cogiendo mis manos y aprisionándolas encima de mi cabeza.

Intenté asentir pero tenía la respiración tan acelerada que me salió un simple jadeo, que se intensificó cuando sus labios se dirigieron a mi cuello. Jadeé, tirando de mis manos.

Quería tocarle, lo ansiaba más que nada.

-Si me tocas, esto no va ser silencioso-me advirtió presionando mis manos con más fuerza.

-Nicholas-dije soltando un suspiro de placer cuando su mano tocó mi pecho izquierdo por encima de la tela del vestido.

-Quiero quitarte este maldito vestido-gruñó entre dientes, soltándome las manos y levantándome el vestido de un tirón. Este se quedó enrollado en torno a mi cintura. Sus ojos se clavaron en mi piel desnuda y me miró con el deseo reflejado en su mirada, un deseo oscuro alimentado por la distancia y el tiempo que habíamos estado separados.

-Te follaría durante toda la noche-soltó entonces bajándome al ropa interior y apoderándose de mis labios.

Nunca me había hablado así, nunca. Sabía que había sido un bruto con las demás chicas que había estado pero conmigo siempre se había cuidado, me tenía entre algodones, y me encantaba que lo hiciera pero ahora en aquel instante, me encantó ese Nicholas oscuro y dominado por el deseo.

Mis manos ya sueltas le rodearon el cuello y le ayudaron profundizar el beso. Me estaba devorando con su lengua, saboreándome como si fuese la última vez que iba a besarme. Le respondí de la misma forma, sintiendo como los nervios en el estómago ante la anticipación de lo que estaba por venir me mataban por dentro.

Mis dedos se dirigieron a su corbata y tiré hasta quitársela.

-Quiero verte-le dije, apartándome.

- ¿A mí me lo vas a decir?-dijo, sus manos subiendo por mi espalda, buscando la cremallera que no iba a encontrar.

-No vas a poder quitarme el vestido-le dije mientras mis dedos le desabrochaban los botones, uno a uno, con rapidez.

- ¿Qué mierda tienes puesta?-gruñó intentando desabrochar los miles de botoncitos blancos que había en mi espalda.

Solté una risa nerviosa.

Con su pecho al descubierto le acaricié con mis manos. Sus abdominales, su cuerpo duro y trabajado. Llevé mis labios a su pecho y le besé, de arriba abajo consiguiendo que se le pusiera la carne de gallina.

Me apartó un segundo después.

-Si yo no puedo, tú tampoco, nena-dijo apartando mis manos otra vez.

Intenté liberarme pero no me dejó.

-Para-dijo un poco más brusco de lo que me tenía acostumbrada. Lo hice y me quedé quieta.

Le observé sin moverme mientras se desabrochaba los pantalones. Un segundo después me tenía aprisionada contra la pared.

Me miró fijamente a los ojos, preparándome con la mirada, trasmitiendo miles de cosas, me besó un segundo y entonces me penetró, con fuerza y no pude evitar soltar el grito que salió de mi garganta. Su mano me tapó la boca, y siguió moviéndose dentro de mí, más despacio esta vez.

Dios... nunca lo habíamos hecho así, nunca.

El placer empezó a crecer en mi interior con cada una de sus arremetidas, su mano se apartó de mi boca justo cuando estaba a punto de llegar, su boca cubrió la mía y sus dientes se apoderaron de mi labio inferior, me mordió y el placer en mi interior creció y creció, hasta hacerme tener un orgasmo intenso, maravilloso, perfecto.

Él llegó un segundo después. Eché mi cabeza hacia atrás, intentado controlar mi respiración, mientras Nicholas me sostenía fuertemente con sus brazos.

-Te he echado de menos-dije un segundo después, cuando sus ojos se clavaron fijamente en los míos.

-Tú y yo no estamos hechos para estar separados-me contestó.





Capítulo 2


NICK

Joder, como la había echado de menos. Los días se me habían hecho interminables y ni qué decir de las semanas.

Había tenido que trabajar el doble de horas para que me dejasen volverme antes pero había merecido la pena solo por esto.

- ¿Estás bien?-le dije con la respiración acelerada. Nunca lo habíamos hecho así, nunca. Con Noah me controlaba, la trataba como se merecía, la quería, joder, no era una chica más, no era una cualquiera, pero no había podido controlarme. En cuanto la vi había querido hacerla mía, porque lo era, era mía, y de nadie más. El capullo del camarero que había estado tonteando con ella me había puesto en ese estado de celos irracionales. Tenía que controlar mi manera de ser con Noah, no quería asustarla, no quería que tuviese miedo de estar conmigo.

Nuestros ojos se encontraron y una sonrisa increíble apareció en su boca.

-Ha sido...-dijo pero la callé con un beso. Temía lo que pudiese decir, le había hablado como a las otras, pero no me había dado cuenta, me había perdido en el deseo del momento. Aquella noche estaba espectacular, más que nunca, ese vestidito virginal que le habían puesto me volvía loco y quería hacerle de todo.

-Te quiero con locura, ¿lo sabes verdad?-le dije apartándome de ella.

-Yo te quiero más-me contestó y cuando lo hizo me fijé en que tenía un poco de sangre en el labio.

-Te he hecho daño-dije acariciándole el labio inferior con mi dedo y limpiando la pequeña gota de sangre que había salido.

Mierda, era un bruto gilipollas-Lo siento, pecas.

Ella se chupó el labio distraída...mirándome.

-Esto ha sido diferente-me soltó un segundo después. Y tanto que lo había sido.

Me aparté de ella y me abroché los pantalones. Me sentía culpable por como la había tratado, joder, estábamos al aire libre, Noah se merecía hacerlo en una cama no contra una pared, aquí te pillo aquí te mato.

- ¿Qué te pasa?-me dijo ella mirándome preocupada.

Me acerqué otra vez y le cogí el rostro con mis manos.

-Nada, perdona-dije besándola otra vez. Le bajé el vestido por sus caderas conteniendo las ganas de empezar donde lo habíamos dejado. -Feliz cumpleaños-dije sonriendo y sacando una cajita blanca de mi bolsillo.

- ¿Me has traído un regalo?-me preguntó emocionada. Era tan joven y tan perfecta. Solo con verla me ponía de buen humor, solo con tocarla me ponía como una moto.

-No sé si te gustará... a lo mejor es demasiado cursi...-dije poniéndome nervioso de repente. Nunca le había regalado nada a una chica antes y temía no tener buen gusto para ello.

Sus ojos se abrieron solo con mirar la cajita de fuera.

- ¿Cartier? -Sus ojos volaron a los míos- ¿Te has vuelto loco?

Negué con el ceño fruncido esperando a que lo abriera.

Cuando lo hizo el pequeño corazón de plata refulgió en la oscuridad.

Una sonrisa apareció en su rostro y suspiré aliviado.

-Es precioso-me dijo tocándolo con los dedos.

-Así llevaras mi corazón a donde quiera que vayas-le dije posando un beso en su mejilla. Esto era lo más cursi que había dicho en mi vida pero ella conseguía eso de mí, me convertía en un completo idiota enamorado.

Sus ojos me miraron y vi que se humedecían.

-Te quiero, me encanta-me dijo dándome un beso en los labios.

Sonreí bajó su beso y la obligué a girarse para poder colocarle el colgante. Su cuello quedaba al descubierto con ese vestido y tuve que besarla en la nuca. Se estremeció y tuve que respiran hondo para no obligarla a venirse conmigo de inmediato y en ese instante. Le pasé el colgante por el cuello y la observe cuando se giró sonriente.

- ¿Cómo me queda?-me preguntó mirando hacia abajo.

-Estas, perfecta, como siempre-le dije.

Sabía que teníamos que regresar y era lo último que me apetecía hacer en aquel instante. Quería estar con ella a solas, bueno, la verdad es que siempre quería estar con ella a solas, pero sobre todo en ese momento, cuando llevábamos tanto tiempo sin vernos.

- ¿Estoy presentable?-me preguntó con inocencia.

Sonreí.

-Claro que sí-dije mientras me abrochaba los botones de la camisa y cogía la corbata que estaba en el suelo.

-Déjame a mí-me pidió y solté una carcajada.

- ¿Desde cuándo sabes hacer el nudo de la corbata?-le pregunté a sabiendas que nunca había sabido hacerlo, es más, era yo quien se lo hacía cuando vivía en esa casa.

-Tuve que aprender porque mi hermoso novio me dejó a cambio de un piso de soltero-me dijo mientras terminaba de hacer el nudo.

- ¿Hermoso, eh?

Ella puso los ojos en blanco.

-Regresemos o todo el mundo sabrá lo que hemos estado haciendo.

Me hubiese gustado que todo el mundo lo supiera, así los niñatos se mantendrían alejados de mi novia, pero me callé el comentario.

Dejé que ella volviese primero y me fumé un cigarro mientras tanto. Sabía que a Noah no le gustaba que fumara pero si no lo hacía me volvería loco.

Antes de regresar algo captó mi atención. Su ropa interior estaba tirada bajo mis pies.

¡¿Se había ido sin nada debajo?!

Cuando regresé, con los nervios a flor de piel, la vi hablando con un grupo de sus amigos. Había dos chicos en ese grupo y uno de ellos tenía la mano puesta en su espalda. Respiré para tranquilizarme y me acerqué a ellos. Por poco no empujo a ese idiota, pero Noah en cuanto me vio pasó su brazo por mi espalda y apoyo el rostro en mi pecho.

Me calmé. Ese gesto había sido suficiente, aunque mis ojos se clavaron fríamente en los del idiota ese. Me miró, se asustó y se giró para hablar con otra chica.

- ¿Has visto a Lion?-me pregunto ella unos minutos después.

Negué con la cabeza y recorrí el jardín en su busca. Jenna estaba hablando con Rafaela y mi padre, pero no había ni rastro de él.

-Vamos a saludar a nuestros padres-dije poniéndome nervioso. A pesar de que hacía meses que estábamos juntos, la madre de Noah seguía mirándome con recelo.

Siendo sincero, creo que ninguno, ni mi padre ni la madre de Noah, aceptaba del todo nuestra relación.

-Mi hijo ha regresado-dijo mi padre sonriendo.

-Papá-dije en forma de saludo. -Hola, Ella-dije con el mejor tono que pude conseguir. Rafaella, para mi sorpresa, me sonrió y me dio un abrazo.

-Me alegro de que hayas podido venir-dijo desviando su mirada a la de Noah-Estaba muy triste hasta que te ha visto.

Miré a Noah, que se había ruborizado y le di un apretón en la cadera.

- ¿Qué tal en el bufete?-me preguntó mi padre.

El muy cabrón me había puesto a trabajar para Steve Hendrins un gilipollas autoritario que se encargaba del bufete hasta que yo tuviese experiencia suficiente para heredar el liderazgo. Todos sabían que estaba perfectamente cualificado pero mi padre seguía sin fiarse de mí.

-Agotador-le dije intentando no fulminarlo con la mirada.

-La vida real lo es-me soltó entonces. Su contestación me puso de peor humor. Estaba hartó de escuchar ese tipo de chorradas, hacía meses que había dejado de comportarme como un niñato, había adoptado el papel que me correspondía y no paraba ni un minuto del día. No solo trabajaba para mi padre sino que me quedaba un año de carrera, y muchos exámenes por delante. La mayoría de la gente de mi clase ni siquiera sabía lo que era un bufete todavía, y yo ya era capaz de dirigirlo sin problemas, pero mi padre seguía sin confiar en mí y sabía que nunca lo haría.

- ¿Bailas conmigo?-me pidió entonces Noah, evitando así que le soltara alguna bordería -Claro.

La acompañe hasta la pista de baile, habían puesto una canción lenta, y la atraje hacía mí con cuidado, intentando no dejar que mi mal humor o mi enfado recayera sobre la única persona que me importaba en esa fiesta.

-No te enfades-me dijo entonces acariciándome la nuca.

Cerré los ojos dejando que su caricia me relajara.

Mi mano bajó hasta su cintura, rozando la parte baja de su espalda.

-Te has dejado la ropa interior, no puedes pedirme que no me enfade-le contesté, sabiendo que estaba hablando mal, que ella no tenía la culpa, que debía callarme la puta boca antes de arruinarle el cumpleaños.

-No me había dado ni cuenta-me contestó deteniendo su caricia.

Bajé los ojos hacia ella, era preciosa.

Junté mi frente con la de ella.

-Lo siento-dije mirándola y deleitándome con sus preciosos ojos.

Me sonrió un segundo después.

- ¿Te quedarás esta noche?-me preguntó entonces.

Mierda, otra vez la misma discusión. No pensaba quedarme allí, ya me había mudado hacía meses, y odiaba estar bajo el escrutinio de mi padre. No veía la hora de que Noah se mudase a la cuidad, todo sería mejor teniéndola siempre a mi lado.

-Sabes que no-dije desviando la mirada hacia la gente que nos observaba de vez en cuando. Sabía que muchas personas criticaban nuestra relación, pero me importaba una mierda.

-Hace dos semanas que no te veo, podrías hacer un esfuerzo y quedarte-me pidió, cambiando el tono de voz.

Sabía que si seguíamos así terminaríamos discutiendo y no quería arruinarle el cumpleaños.

- ¿Y dormir en la otra punta de la casa? No gracias-solté de mal humor.

Ella intentó zafarse de mi agarre y marcharse de la pista pero la sujete con fuerza contra mi pecho. No se iba a ninguna parte.

-Vamos, pecas no te enfades.

- ¿Qué no me enfade?-soltó fulminándome con sus ojos color miel.

-Sabes que odio quedarme aquí, odio no poder tocarte cuando me da la gana y odio escuchar las gilipolleces que mi padre tiene que decirme.

Joder, ya estábamos discutiendo.

-Pues entonces no sé cuándo vamos a vernos, porque no puedo irme a la cuidad esta semana, voy a estar liada con los exámenes finales y la graduación.

Mierda.

-Te recogeré y pasaremos algún rato juntos-le dije calmando mi tono de voz y acariciándole la espalda.

Ella suspiró y desvió la mirada hacia otra parte.

-Dime que me quieres-le dije cogiéndole el rostro y obligándola a mirarme.

Me observó en silencio unos segundos, unos segundos que se me hicieron eternos. Sentí como me ponía tenso involuntariamente.

-Dilo, Noah...

Sus ojos por fin volvieron a los míos.

-Te quiero.

Entonces volví a pensar con claridad.





Capítulo 3


NOAH

Ya se habían ido casi todos los invitados. Jenna estaba saludando a mi madre y Nick se estaba fumando un cigarro con Lion en la parte de atrás. Miré a mi alrededor; al desorden que había quedado tras la fiesta y agradecí por primera vez tener alguien que limpiase la casa todos los días. Cuando estaba a punto de girarme para ir en busca de Nick, su padre, Will me detuvo junto a las escaleras.

-Quería darte un regalo de mi parte-dijo con una sonrisa tímida, una sonrisa muy parecida a la de su hijo.

-Will, no tenías porque comprarme nada, ya lo sabes-dije un poco avergonzada.

-Claro que si-contestó sacando una caja pequeña cuyo envoltorio me pareció familiar en cuanto lo vi.

Cartier. Mierda.

Cogí la pequeña cajita y observé los bonitos pendientes de oro blanco que habían colocado con cuidado sobre la pequeña superficie de terciopelo. Debían de haber costado una fortuna, al igual que el colgante de Nicholas.

Levanté la mirada y vi la cara de Will, estaba tranquilo, sereno, como si fuese algo que hiciese todos los días... no pude evitar compararlo con el rostro de Nicholas, su nerviosismo cuando esperaba a que abriese su colgante, a que le dijese que me encantaba; para Will regalarme unos pendientes caros no suponía ningún esfuerzo, lo hacía continuamente con mi madre, que la llenaba de regalos caros y joyas bonitas.

-Muchas gracias, Will, me encantan, son preciosos-dije cerrando la cajita y poniéndome en puntillas para darle un beso en la mejilla. Mi relación con William no era mala, a diferencia que Nick, que apenas podía soportarlo, William me trataba como si fuese su hija, y aunque no era el típico padre cariñoso, ni muy dado a largas conversaciones, sabía que al menos me tenía aprecio... el problema era que no trataba bien a mi novio, y eso era algo que no me hacía ni pizca de gracia.

- ¿No te los pones?-me preguntó con una sonrisa un segundo después... y fue justo ahí en ese momento cuando sentí su presencia detrás de mí.

- ¿Qué es eso?-preguntó Nick.

Sus manos me rodearon por detrás y no pude verle la cara cuando fijó sus ojos en la cajita que tenía entre mis dedos.

-Unos pendientes que le he regalado a Noah-dijo William sin poder evitar fruncir el ceño, era una costumbre que tenía cada vez que Nick aparecía y esa expresión se hacía más profunda cuando sus manos estaban sobre mi cuerpo.

Sentí como Nick se tensaba tras de mí.

-Noah no utiliza pendientes, ni siquiera tiene hechos los agujeros.

Mierda, Nicholas, cállate.

William clavó su mirada en mis orejas descubiertas y creí ver decepción en su rostro.

-Lo siento, Noah-dijo con pesar-No me había dado ni cuenta.

- Tranquilo-dije sonriendo, e intentando hacer que la tensión que se estaba creando entre los tres no fuera a más-Ahora ya tengo una excusa para hacérmelos-sonreí y bajé la mano para coger la de Nick. -Tengo que despedirme de mis amigos, luego nos vemos Will.

William asintió y se fijo en Nicholas por unos instantes; no me hacía falta volverme para saber que Nick había estado observándolo con mara cara todo este tiempo.

- ¿Es una broma?-soltó entonces fulminando la pequeña cajita que tenía entre mis dedos. Era ridículo que se molestara por esto, pero podía llegar a comprender su enfado. Había querido ser el único en regalarme una joya por mi cumpleaños y había sido justo su padre el que había tenido que estropearle el detalle.

-Nick, son solo unos pendientes-dije cogiéndole la mano y tirando de él hacia fuera. Por suerte ya no había nadie, solo quedaban Jenna y Lion por irse, así que le arrastré hasta que quedamos tras una de las columnas del porche, ocultos de los demás.

-No quiero que te los pongas-me dijo serio-Y mucho menos que te agujerees las orejas por él, no ni hablar.

Respiré hondo varias veces. No quería volver a discutir, hoy se estaba comportando como un crío y estaba llegando al límite de mi paciencia.

-Nicholas, para, esto es ridículo, son solo unos pendientes, no tiene nada que ver con tu regalo, el tuyo es especial, es lo más bonito que me han regalado nunca y significa mucho porque viene de ti-dije mirándole a los ojos.

Él pareció sopesar mis palabras por unos instantes hasta que un atisbo de sonrisa apareció en sus labios.

- ¿Lo vas a llevar siempre?-me preguntó entonces. Una parte de mí comprendió que para él aquello era muy importante, de cierta forma había puesto su corazón en ese colgante y sentí un calor intenso en el centro de mi pecho.

-Siempre.

Sonrió y me atrajo hacia sí. Sus labios rozaron con infinita dulzura los míos, con demasiada dulzura. Me adelanté para profundizar el beso pero me sujetó quieta donde estaba.

- ¿Quieres más?-me preguntó junto a mis labios entre abiertos. ¿Por qué no me besaba como Dios manda?

Abrí los ojos y me lo encontré mirándome. Sus iris eran espectaculares, de un azul tan claro que me causaba escalofríos.

-Sabes que sí-dije con la respiración acelerada y los nervios a flor de piel.

-Vente esta noche conmigo.

Suspiré. Quería ir pero no podía. Para empezar a mi madre no le hacía gracia que me quedase a dormir con Nick, y la mayoría de las veces que lo hacía era porque le mentía diciendo que estaba en casa de Jenna, y además tenía que estudiar, esa semana tenía cuatro exámenes finales y me jugaba todo si suspendía.

-No puedo-dije cerrando los ojos.

Su mano bajó por mi espalda con cuidado, en una caricia tan delicada que se me pusieron los pelos de punta.

-Sí que puedes, y empezaremos donde lo dejamos en el jardín-dijo alcanzando mi oreja con sus labios.

Sentí mariposas en el estómago y el deseo crecer en mi interior. Su lengua acarició mi lóbulo izquierdo para después sus dientes ocupar su lugar...quería irme... Pero no podía.

Me aparté, y al abrir los ojos y fijarme en los suyos sentí un escalofrío... había echado de menos esa mirada oscura, ese cuerpo que a la vez que me intimidaba me proporcionaba una seguridad infinita.

-Ya nos veremos, Nick-dije dando un paso hacia atrás.

Sus ojos me escrutaron entre divertidos y molestos.

- ¿Sabes que si no vienes no habrá sexo hasta tu graduación, no?

Respiré hondo, estaba jugando sucio pero era la verdad. Yo no iba a tener apenas tiempo y menos de bajar a la cuidad a verle y si él no quería venir a casa porque no deseaba encontrarse con su padre... Me sentí fría de repente.

-Podemos ir al cine-dije con la voz entrecortada.

Nick soltó una carcajada.

-Está bien, como tú quieras, pecas-dijo acercándose y posando sus labios en mi frente en un tierno y casto beso. Lo hacía a propósito, estaba claro-Nos vemos en dos días para ir al cine.

Quise retenerle y rogarle que se quedara, quise decirle que le necesitaba porque solo con él dejaba de tener pesadillas, que hoy era mi cumpleaños, que le tocaba a él ceder esta vez y complacerme, pero sabía que nada de lo que dijese iba hacer que se quedase bajo ese techo.

Le observé mientras bajaba las escaleras con soltura, se subía a su Range Rober y se marchaba sin mirar atrás.

Los siguientes dos días apenas salí para respirar aire fresco.

Tenía que meterme tanta información en la cabeza que sentía que me iba a explotar el cerebro. Jenna no dejaba de llamarme para poner verde a los profesores, a su novio, y a la vida en general, siempre que había exámenes se ponía histérica, y además ella era la encargada de la fiesta de graduación y sabía que se estaba poniendo enferma al no poder estar dedicándole todo el tiempo que se merecía.

Aquella noche había quedado con Nicholas, supuestamente íbamos a ir al cine, pero iba fatal con el examen del viernes, el último que me quedaba. Deseaba verle más que nada, pero sabía que si lo hacía me iba a poner de los nervios, era lo que él causaba en mi cuerpo, en mí, su sola presencia parecía absorber todo lo que había a mi alrededor y supe que si quedábamos no iba a estar centrada para seguir estudiando después. Temía llamarle para decírselo, sabía que se cabrearía, llevábamos cuatro días sin vernos, desde mi cumpleaños, y aunque hablábamos por teléfono había estado bastante dispersa.

Por eso mismo decidí mandarle un mensaje. No quería oír su voz y distraerme, no deseaba empezar una discusión, así que podéis llamarme cobarde o lo que sea pero cuando le di a enviar, puse el móvil en silencio e intenté olvidarme de él por un periodo de 24 horas; cuando terminase los exámenes le vería y haría lo que él quisiese, pero ahora me jugaba todo con este último examen y quería sacar la mejor nota posible.

Dos horas después, con unas pintas desastrosas, el pelo hecho un asco y unas ganas terribles de echarme a llorar o más bien de matar a alguien, la puerta de mi cuarto se abrió sin apenas hacer ruido.

Levanté la cabeza y allí estaba él. Con el pelo revuelto y una camisa blanca, mi preferida.

Mierda, se había arreglado para salir conmigo.

-Me has dejado plantado-dijo simplemente entrando y cerrando la puerta y trabándola después.

-Nicholas...-dije temiendo su reacción y también la mía. Hoy no estaba para peleas, estaba más que estresada, estaba histérica.

-Ven-me pidió deteniéndose frente a mi cama. Tenía una mirada extraña, parecía estar sopesando algo, y me extrañó que no se pusiese a despotricar de inmediato.

Quería besarle, esa era la pura verdad aunque siempre quería hacerlo, si fuese por mí me pasaría todo el día con él, entre sus brazos.

Me incorporé en la cama y fui de rodillas hasta la punta donde me esperaba de pié, aguardando.

Me detuve frente a él, estaba guapísimo.

- ¿Ni siquiera me llamas para dejarme plantado?-dijo; sus manos colocándose en mi cintura.

-Lo siento-dije entrecortadamente-Estoy de los nervios, Nick, creo que voy a suspender, no me sé nada y como suspenda no voy a graduarme, ni entrar en la universidad, ni a trabajar en lo que me gusta, voy a ser una inculta, terminaré viviendo con mi madre, ¿te imaginas? Creo qu— Sus labios me callaron con un beso rápido.

-Eres la persona más empollona que conozco, no vas a suspender-sus labios se apartaron y sus ojos me miraron con cariño.

-Voy a suspender Nick, te lo digo en serio, creo que voy a sacar un cero ¿te imaginas? ¿Un cero? Dejaré de ser la preferida del profesor Lam, y eso que he tenido las mejores notas de toda la clase, ya no me va a tratar de forma diferente, y eso que me cae súper bie...

Sus dientes me mordieron la oreja con fuerza.

-Deja de hablarme del tío ese, por favor, me cabreas más de lo que ya lo has hecho.

Cerré la boca y le busqué con la mirada.

-Estoy al borde de un ataque de nervios, Nicholas.

Una sonrisa traviesa apareció en su semblante.

- ¿Quieres que te ayude a relajarte?

«Esa mirada, no, no me mires así por favor... no cuando estás tan bueno con esa camisa y yo estoy que doy asco.»

-Estoy relajada-mentí.

- ¿Prefieres que te ayude a estudiar, entonces? -su mano me apartó un mechón de pelo del rostro y suspiré internamente ante la ternura de ese gesto.

¿Nicholas ayudándome a estudiar? Eso no podía acabar bien, lo sabía.

-No hace falta-dije con la boca pequeña. Lo que pasaba es que me daba miedo que si se quedaba hiciéramos de todo menos terminarme el tema ocho de historia, y sí, Nick estaba muy bueno y todo eso, pero no podía suspender.

Nick sonrió de lado, de esa forma tan sexy y lo observé como daba un paso hacia atrás, alejándose de la punta de la cama; se arremangó la camisa, se quitó los zapatos y rodeó la cama para sentarse a la vez que cogía mi libro entre sus manos.

Se me hizo la boca agua e imágenes de nosotros dos en esa cama, sobre esa misma colcha, pasando de los apuntes y de estudiar ocuparon todos mis sentidos. Nick empezó a pasar las páginas hasta llegar a donde lo había dejado unos minutos antes.

Me olvidé de todo, de los exámenes, de la prueba de acceso a la universidad, de repente solo quería sentarme sobre su regazo y pasar la punta de mi lengua por su mandíbula.

Empecé a acercarme y él negó con la cabeza, levantando la vista hacia a mí.

- Quieta ahí-dijo divertido-Vamos a estudiar, pecas, y cuando te lo sepas, a lo mejor te doy un beso.

- ¿Solo uno?

Soltó una carcajada y volvió a centrarse en los apuntes.

-Empecemos. Cuanto antes terminemos con esto prometo quitarte todo el estrés que tienes encima.

Y lo dijo así, tan campante. A mí me vibraron hasta las venas... ay Dios, ¿porque tenía que estar tan bueno?

Dos horas y media después me sabía el tema de principio a fin. Nick era buen profesor, tenía paciencia, para mi asombro, y me explicó las cosas como si se tratara de un cuento; en más de una ocasión me quedé embobada escuchándole, atenta e interesada de verdad en la guerra de Secesión Americana, incluso me conto datos y cosas que no salían en el libro ni en mis apuntes.

Cuando cerró el libro, después de que le relatara el tema con pelos y señales me sonrió orgulloso y con una chispa de deseo en sus ojos azules.

-Vas a sacar un diez.

Sonreí de oreja a oreja y me tiré sobre él, que me cogió y me apretó contra su cuerpo. Giramos en la cama y me beso como si hubiese estado sediento hacia horas. Metí mi lengua en su boca y él jugueteo con ella para después morderme el labio, chuparlo y metérselo en la boca después.

Gemí bajito, cuando su mano fue bajando por mi cuerpo, me levantó la pierna y la enroscó sobre su cintura. Lo noté duro contra mí, y casi puse los ojos en blanco cuando una dulce presión me llevó casi al quinto cielo.

-Me enfadé cuando me llegó tu mensaje-dijo levantando mi camiseta y besando mí estomago con deleite.

Cerré los ojos y estiré el cuello hacia atrás.

«Ay, Dios»

-Me lo imagino-dije un segundo después, abriendo los ojos y fijándome en él, que había levantado la cabeza y me observaba entre excitado y divertido.

-Pero me ha gustado estudiar contigo, pecas... me he dado cuenta de la de cosas que aún puedo enseñarte-cuando dijo eso su mano tiró de mi pantalón corto hacia abajo y me quedé en ropa interior, debajo de él, con su boca demasiado cerca del sur de mi cuerpo como para sentirme tranquila.

Me puse nerviosa y me removí un poco sobre el colchón.

Su mano se colocó sobre mi estómago, obligándome a quedarme quieta.

-¿Te prometí un beso, verdad?

Sus ojos ardieron sobre los míos y casi me derrito.

-Nick...-no sabía si estaba preparada para eso... nunca habíamos hecho nada parecido y de repente quise levantarme de la cama y salir corriendo.

Nicholas se acercó a mi boca, con sus codos a ambos lados de mi cara y me miró con calma.

-Solo relájate-dijo enterrando su nariz en mi cuello, oliéndome y besándome con cuidado.

Cerré los ojos y me retorcí bajo su cuerpo.

-Eres tan dulce...-dijo bajando por mi estómago, sus labios me rozaban la piel, y me causaban escalofríos.

Cuando llegó a su destino se detuvo unos instantes. No tengo que aclarar lo erótico que me apreció verlo ahí, entre mis piernas, con esa mirada de deseo puro, deseo por mí, por nadie más.

Tiró de mis braguitas hacia abajo, con cuidado y me dio tanta vergüenza que cerré los ojos, dejando que pasara y sin saber si me iba a gustar o no, y sin darle muchas más vueltas al asunto.

Su boca empezó besando mis muslos, primero uno y después otro. Me abrió las piernas acomodándose en medio y cuando sentí su aliento sobre mi sexo casi pierdo el conocimiento.

Lo que vino después fue peor, mucho peor.

-Dios...-dije sin poder evitar moverme.

Sus manos me cogieron por la cintura y su lengua empezó a trazar círculos sobre mi piel hipersensible... sentí que me moría, que me moría de placer allí mismo. Chupo, beso, lamio y soplo hasta que el orgasmo me llegó casi sin avisar.

Grité sin ser consciente de que lo hacía, agarrándome a las sabanas con fuerza.

Dios... había sido la experiencia más erótica de mi vida.

Cuando me recuperé, Nicholas tenía la barbilla apoyada en mi estómago y me miraba como quien ha encontrado un tesoro en el fondo del océano.

Me puse colorada y él se rió impulsándose hacia arriba y colocándose a mi lado. Me cubrí con la sabana y él me atrajo hacia sus brazos.

-Joder, Noah...dime porque no te había hecho esto antes.

Me giré y enterré mi cara en su pecho. Nicholas seguía vestido y no me hacía falta mirar para comprobar que tenía una erección marcándosele entre los pantalones.

¿Tendría yo que hacer lo mismo?

Los nervios volvieron a asaltarme, pero Nick me besó en la cabeza y se incorporó bajándose de la cama.

- ¿A dónde vas?-exclamé cuando empezó a caminar hacia la puerta.

-Si no me voy ahora no lo hare en toda la noche-me explicó y noté su voz un poco tirante.

Cogí el pantalón que estaba a mi lado sobre la almohada donde lo habíamos dejado caer y me lo puse. Baje de la cama y fui hacia él.

-El viernes termino, Nick, y tendremos todo el verano para nosotros.

Me acerqué hasta él y le di un abrazo amoroso.

Nick me estrechó entre sus brazos y suspiró con resignación.

-Como no saques un diez en ese examen, te las vas a tener que ver conmigo.

Me reí y me aparté de su pecho para poder observarlo.

-Gracias... por todo-dije notando otra vez como me sonrojaba.

Extendió la mano y me rozó las mejillas.

-Eres lo más bonito que me ha pasado en la vida, pecas, no me des las gracias por nada.

Sentí que mi corazón se hinchaba de felicidad y sentí una pena inmensa cuando me besó en lo alto de la cabeza y se marchó dejándome allí.

El examen me había salido perfecto, perfecto. No me podría haber salido mejor y cuando me encontré con Jenna en el pasillo cinco minutos después, las dos nos miramos y nos pusimos a saltar como locas, la gente nos empezó a observar, algunos riéndose, otros con cara de que los estábamos molestando, pero no me importaba, mi trabajo allí había acabado, ya no iba a tener que ponerme ningún uniforme más, ni ser tratada como una niña, ni tener que enseñarle mis notas a mi madre para que las firmara ni ninguna chorrada de esas, era libre, éramos libres y no podía estar más contenta.

- ¡No me lo creo!-gritó Jenna abrazándome como loca. Nos fuimos a la cafetería y cuando entramos escuchamos como todos nuestros compañeros estaban liándola como nunca, estaban gritando, bailando, riéndose, aplaudiendo, era una locura, una fiesta en toda regla. Los demás alumnos nos miraban como si estuviésemos locos y otros con envidia ya que a la mayoría les quedaba años por delante antes de poder largarse de aquel infierno.

Kat se nos unió un momento después cuando nos acercamos a nuestros amigos.

- ¡Somos libres!-dijo subiéndose las gafas de empollona que siempre llevaba cuando teníamos exámenes, no pude más que soltar una carcajada.

-Están planeando una hoguera en la playa para quemar los uniformes, ¿os apuntáis?-nos informó con una sonrisa radiante.

Jenna y yo nos miramos.

- ¡Claro!-gritamos a la vez, lo que nos hizo reírnos como histéricas; parecíamos borrachas, borrachas de felicidad.

Una hora más tarde, después de festejar con la clase, recorrernos las aulas haciendo el tonto y prácticamente perdiendo el tiempo, salí del colegio que me había traído más cosas buenas que malas. Recordaba haberlo odiado al principio pero si no hubiese sido por él no me habrían admitido en la UCLA ni podría estudiar filología inglesa, como había siempre soñado.

Salí pitando cuando Nick me envió un SMS diciéndome que me esperaba en la puerta. Estaba junto a su coche y una sonrisa increíble apareció en su rostro cuando me vio radiante de felicidad. No podía controlar lo feliz que era, salí corriendo y me tiré a sus brazos; sus manos me sostuvieron con rapidez y busqué sus labios con los míos hasta que nos fundimos en un beso digno de una película romanticona.

Había terminado el colegio, había sacado las mejores notas, iría a una universidad que jamás habría podido permitirme, tenía al mejor novio del mundo al cual adoraba; y dentro de dos meses me iría a vivir por mi cuenta a un campus universitario con un futuro magnifico por delante.

Nadapodía irme mejor.





Capítulo 4


NICK

Mi chica se había graduado. No podía evitar sentirme el hombre más orgulloso del mundo, no solo estaba buena sino que, joder, era increíblemente lista. Había acabado el curso con las mejores notas, las universidades se la habían rifado, y finalmente había decidido ir a mi universidad, aquí en Los Ángeles. No sé que habría hecho si se hubiese vuelto a Canadá, cosa que en un principio había sido su intención, aunque al final había terminado por quedarse aquí, en la ciudad.

La verdad es que no veía la hora de que se mudara a mi piso, aún no se lo había dicho, pero mi intención era que se viniese a vivir conmigo. Estaba harto de tener que soportar todas las malditas restricciones que nuestros padres no habían dejado de imponernos nada más empezar a salir.

Desde el secuestro de Noah, su madre se había vuelto completamente paranoica, y no solo eso sino que ambos, mi padre y Rafaella habían empezado a demostrar lo poco que les entusiasmaba que ambos de sus hijos estuviesen saliendo juntos. La cosa se había ido enfriando poco a poco y ahora que ya no vivía con ellos, en vez de que todo se normalizase, como yo había supuesto en un principio, había ocurrido todo lo contrario. Apenas dejaban que Noah viniese a mi casa, es más ni si quiera dejaban que se quedase a dormir, habíamos tenido que inventarnos todo tipo de gilipolleces con tal de poder estar juntos sin interrupciones.

A mí me daba prácticamente igual lo que mi padre o su mujer tuviesen que decir, ya era mayorcito, tenía 22 años y pronto cumpliría 23, haría lo que me diese la real gana pero no era lo mismo para Noah. Era consciente de que llevarnos cinco años iba a suponernos varios problemas de cara al futuro pero nunca pensé que me causarían tantos putos dolores de cabeza.

Había sido cuidadoso con Noah, entendía que era joven, aún era una adolescente, pero cuando estaba con ella no lo parecía ni de lejos. Noah había tenido que vivir experiencias que nadie de su edad se había visto obligado a sufrir y eso había dejado una marca en ella, una madurez que a veces ni yo tenía; aunque la verdad, ahora que había cumplido dieciocho años, esperaba que las cosas cambiaran. Su madre iba a tener que dejarse de tantas tonterías. Odiaba estar lejos de ella y cada vez teníamos menos ocasiones para pasar tiempo juntos.

Yo estaba terminando mi carrera y quería independizarme de mi padre. Joder, no se me daban nada mal los negocios, era un as con las matemáticas, siempre lo había sido y me interesaba entrar en el sector financiero de Leister Enterprises. Ahora estaba haciendo las prácticas en otra empresa, la nueva que mi padre había abierto hacía nueve meses; sabía que el derecho era primordial en la empresa pero mi padre había empezado a invertir años atrás en varios sectores que aún estaban en pañales; si me dejaba la dirección de la empresa podía sacarle partido, sabía que podía hacerla prosperar, pero él no confiaba en mí, me cedía ciertos poderes y responsabilidades a paso de tortuga, y con cuenta gotas y estaba harto. O me dejaba dirigir la empresa de aquí a un año o iba a empezar por mi cuenta y desde cero, era totalmente capaz.

Ya no me quedaba nada para licenciarme en derecho y el máster de finanzas y contabilidad me lo había empezado a preparar por mi cuenta. En cuanto rindiera los exámenes, cualquier empresa iba a desearme tener entre sus filas así que más le valía a mi padre dejarse de de tantas mierdas.

Bajé del coche después de varios minutos de reticencia y me acerqué a la puerta de la casa de mi padre. Aún tenía la llave y entré sin llamar. Iba a llevar a Noah a cenar, para celebrar que mañana se graduaba, sabía que iba a estar súper liada, con la fiesta que sus clase organizaba y su madre quería también cenar con ella después de la ceremonia, por lo que o salíamos hoy o otra vez iba a tener que compartirla con todo el mundo. Sabía que sonaba egoísta, pero la quería para mí, solo para mí. Estos últimos meses, con todas las chorradas del colegio, yo viajando a San Francisco y las trabas de nuestros padres no había pasado ni la mitad del tiempo que había querido estar con ella. Todo el tiempo que pasábamos separados terminaba influyendo en mi forma de interactuar con Noah después.

Quería ser un buen novio, tratarla con dulzura y con respeto, como se suponía que debía hacer, pero joder, cuando estaba una semana sin verla solo pensaba en follármela una y mil veces y solía olvidar con demasiada facilidad que mi novia solo tenía dieciocho años recién cumplidos.

Cuando entré, no pude evitar alzar la vista a aquellos altos techos de los cuales apenas había sido consciente cuando vivía en esa casa. Nunca me había importado el dinero, o bueno nunca había tenido que preocuparme por él; pero ahora que quería empezar por mí mismo, quería poder vivir de la misma forma en la que me había criado, pero no a costa de que mi padre me mantuviese, quería triunfar por mi cuenta, hacer que Noah se sintiese segura a mi lado. Mi apartamento en la cuidad no es que fuese barato, pero era pequeño, era un piso de solero, con dos habitaciones, una pequeña sala de estar y una cocina, no estaba mal, pero no era lo que quería para mi futuro. Quería darle a Noah una gran casa, junto a la playa, donde poder verla en bikini todas las veces que me diera la gana, quería enseñarla a hacer surf, hacer hogueras en la arena y dentro de algunos años fundar una familia. Vale sé que estaba yendo demasiado deprisa, pero estaba jodidamente enamorado de esa chica, no podía evitar hacer planes y pensar en nuestro futuro juntos.

-Hola, Nick-me saludó Rafaella saliendo de la cocina. Estaba radiante, como siempre, aunque no tanto como su hija.

Rafaella tenía el pelo rubio como el oro, parecido al de mi madre, y sus ojos eran muy azules. Noah era muy distinta a ella, pero había heredado de su madre el mismo porte, altura y cuerpo espectacular. Mi padre no tenía mal gusto, había que admitirlo.

- ¿Qué hay?-dije amablemente sin poder evitar desviar los ojos hacia las escaleras. No me apetecía mucho ponerme a charlar con Rafaella, así que mejor que Noah bajase pronto.

- ¿Dónde vais a ir?-me preguntó deteniéndose con los brazos cruzados delante de mí.

-Pues, la voy a llevar a cenar y a dar una vuelta-dije intentando no perder los nervios. ¿Qué le importaba donde iba a llevarla?

-No volváis tarde, ¿vale? Mañana es un gran día y tiene que descansar-tuve que contenerme para no contestarle y lo hubiese hecho sino fuese porque Noah apareció por las escaleras. Su radiante sonrisa captó mi atención y todos mis problemas y mal humor se esfumaron tan rápido como mis ojos se posaron en su cuerpo. Estaba increíble, como siempre. Se había puesto un vestido ajustado por arriba y holgado por la cintura que le llegaba por encima de las rodillas. Las temperaturas habían empezado a subir, dándole la bienvenida al verano y yo no podía agradecerle más al tiempo por dejarme ver aquellas piernas una vez más.

Noah ignoró a su madre y se acercó casi corriendo a darme un beso rápido en los labios. Me hubiese gustado darle más que un pico cariñoso, pero mis ojos habían visto como Rafaella fruncía el ceño tras nuestras espaldas.

-Nos vamos, mamá-dijo apartándose de mí y besando a su madre en la mejilla.

Tiré de ella, quería largarme lo antes posible de allí.

- ¡No llegues tarde Noah!-le gritó.

Noah me miró y apretó los labios con fuerza. Sabía que también estaba harta de aquella situación, pero no iba a hacerle frente a su madre, aún no por lo menos.

Le abrí la puerta del coche, intentando que mi mal humor no me afectase. Ella se colocó de espaldas al asiento y me buscó con la mirada. Apenas se había maquillado pero el poco rímel que llevaba hacía que sus pestañas pareciesen kilométricas.

-No te enfades-me pidió con una sonrisa dulce mientras que con una mano me acariciaba la mejilla. Cerré los ojos un segundo.

-No me enfado.

Acercó sus labios a los míos, y le pasé una mano por su cintura, atrayéndola hacía a mí. Al pegar su cuerpo al mío sentí su piel demasiado desnuda.

- ¿No llevas puesto sujetador?

Mi corazón ya se había acelerado, joder Noah, no me hagas esto o no llegaremos a cenar.

Sus mejillas se tiñeron de un rosado demasiado atractivo.

-Con este vestido no me hace falta-dijo simplemente.

-Vas a matarme-contesté besándola en profundidad. Su lengua fue en busca de la mía, con la misma pasión que yo sentía, quería meter la mano debajo de ese vestido, joder...

Me aparté.

-Vamos o tu madre me matará antes de tiempo. -le dije besándola en la frente.

Su respiración estaba acelerada igual que la mía, pero la metí en el coche y me obligué a tranquilizarme.

El trayecto en coche fue agradable, Noah estaba emocionada por su graduación y no se calló en los veinte minutos que tardamos en llegar. A veces me hacía gracia su manera de gesticular con las manos cuando estaba excitada por algo, ahora por ejemplo sus manos parecían tener vida propia.

Solo cuando llegamos al restaurante, se calló y vi por el rabillo del ojo como abría los ojos como platos.

-Nicholas, este sitio es súper caro-dijo y automáticamente bajó la vista a su vestido y sus zapatos planos.

-Estás perfecta, y hoy es un día especial-dije cogiéndola de la mano y acercándonos a la puerta.

-Tengo una reserva a nombre de Leister-dije deseando sentarme a cenar de una vez. Cuanto antes cenásemos antes iba a poder estar a solas con ella.

-Pasen por aquí-dijo llevándonos a una zona apartada, tal y como había pedido. Ya podían hacerme caso, aquella cena costaba 100 dólares el cubierto.

Nos sentamos y vi como Noah miraba a su alrededor asombrada. Llevaba diez meses viviendo con mi familia y rodeada de gente rica y aún no se había acostumbrado. Me gustaba eso de ella, ya que en realidad el dinero no le importaba, habría estado igual de contenta si la hubiese llevado a un McDonald's, estaba seguro.

- ¿Desean la carta?-nos dijo el camarero mirándonos a ambos alternativamente.

-Yo ya sé lo que voy a pedir, ¿Noah?-ella miraba al camarero un poco intimidada. Sonreí divertido, en estas ocasiones sí que se notaba lo joven que era.

-Pide tú por mí-me dijo sonriendo.

Me giré al camarero.

-Dos platos de solomillo de ternera mechado con tocino y setas de temporada y de beber...-dije mirando a Noah.

-Una Coca Cola cero.

Casi se me escapa una carcajada. Ella me miró frunciendo el ceño, Dios era adorable.

-Para mí una copa de Pinot Noir, gracias.

El camarero asintió y se marchó dejándonos solos.

-¿Pinut qué?-dijo riéndose de mí.

-Pinot Noir-repetí cogiéndole la mano entre las mías y sonriendo-La Coca Cola cero, no es un buen acompañante para el solomillo-agregue pinchándola.

-Siento no ser tan repipi, como tú, señor experto en vinos.

Me reí.

-No soy experto en vinos para nada-dije aunque sabía bastante, sobre todo de las miles de veces que había tenido que cenar en sitios como este.

-Hoy estás preciosa-le dije deseando poder estar solos, preferiblemente en mi casa y con ella desnuda en mi cama.

Sonrió y entonces llegó el camarero con nuestras bebidas.

Mientras me servían la copa de vino me observó con curiosidad.

- ¿Quieres probarlo?-dije después de darle un sorbo.

Ella asintió y le tendí mi copa. El simple hecho de que bebiera de mi misma copa me ponía a cien, lo sé, estaba perdiendo el juicio.

Ella lo removió primero, haciéndose la experta y luego se lo llevó a los labios. Me hizo gracia ver cómo me tomaba el pelo.

- ¿Te gusta?

Sus ojos me miraron por encima de la copa.

-Está rico, pero prefiero mi Coca Cola.

Sacudí la cabeza riéndome.

Poco después nos trajeron la comida, estaba delicioso y Noah parecía estar disfrutando, sonreía y reía con las cosas que le decía, se la veía relajada y yo también empecé a calmar la tensión que llevaba acumulando varios días dentro de mí, aunque no se me pasaba ni un solo detalle de su forma de moverse, de llevarse la mano inconscientemente al lugar donde estaba su tatuaje, ese tatuaje que tanto me gustaba besar...

-Hay algo de lo que quería hablar contigo...-dijo después de un silencio nada incómodo. La miré con curiosidad y esta se incrementó al ver que se ponía colorada.

- ¿Qué ocurre?

Me di cuenta de que se había arrepentido nada más soltar la pregunta.

-Nada, déjalo-dijo llevándose la copa a los labios, después empezó a mirar los hielos, sin atreverse a entrelazar las mirada conmigo.

-Dímelo-dije sin tener la menor idea de lo que estaba cruzándose por aquella cabecita.

Se quedó callada. Joder.

-Noah, empieza a hablar ahora mismo-odiaba que me hiciese eso, quería saber todo lo que pensaba o sentía, no quería que se avergonzase de absolutamente nada, además estaba tan intrigado que no dejaría ni de coña que se fuese de rositas sin decirme que se le estaba pasando por la cabeza.

Sus ojos se encontraron con los míos unos segundos y luego empezó a jugar con un mechón de su pelo multicolor.

-Estaba pensando... ya sabes, lo que ocurrió la otra noche, cuando tú...-dijo poniéndose de color escarlata.

Intenté no sonreír, sabía que íbamos a tener que hablar del tema. Nunca habíamos hecho nada parecido, había querido ir despacio con Noah, introducirla en el sexo poco a poco y sobretodo esperar a que estuviese preparada.

-¿Cuándo te chupe..?-empecé a decir, disfrutando de su reacción.

- ¡Nicholas!-dijo alarmada levantando la mirada hacia ambos lados-Dios, olvídalo, ni siquiera sé cómo se me ha ocurrido hablar de esto aquí...

Le cogí la mano y me la llevé a la boca, besándole los nudillos.

-Eres mi novia, puedes hablar conmigo de lo que quieras, ¿Qué pasa con lo del otro día?-dije intentando tranquilizarla, sabía que se moría de vergüenza con estos temas, ya lo había comprobado cuando a veces se me escapaba alguna grosería- ¿No te gustó?

Claro que le había gustado, había tenido cubrirse la cara para que no se la escuchara. Joder, ¿teníamos que hablar de esto justo ahora? Noté como me ponía duro solo de recordar a Noah debajo de mi boca.

-Sí que me gusto, no es eso-dijo jugando con mi mano. Ahora la había girado y con un dedo trazaba las líneas de mi palma.

Sentí un escalofrío; Esto no iba acabar bien.

Me llevé la copa a los labios intentando mantener la calma.

-Me preguntaba si tú querías que hiciese lo mismo contigo.

Casi escupo lo que tenía en la boca. Me atraganté y me solté de su mano.

Los ojos de Noah se agrandaron por la sorpresa y me miraron llenos de vergüenza y también deseo, sí, veía el deseo bajo aquellos ojos color miel, y joder, no podía seguir teniendo conversaciones de sexo con Noah en sitios públicos. Solo la imagen de su boca rodeándome, chupándome, dándome placer...

- ¿Has terminado?-le pregunté ignorando su pregunta.

Ella me miró desconcertada y asintió un segundo después.

Pedí la cuenta y mientras esperábamos clavé mis ojos en los suyos.

- ¿Qué te ocurre?-dijo un segundo después. Parecía no entender nada, es más parecía preocupada.

- ¿Qué qué me ocurre?-dije sonando cabreado, pero no lo estaba, estaba ardiendo, joder, llevábamos sin hacerlo desde su cumpleaños, y se ponía a hablarme de sexo y de chupármela en medio de un restaurante abarrotado de gente. -Salgamos de aquí.

Cuando pagué la cuenta tiré de Noah hasta el coche.

Puse el coche en marcha y salí directo a la autovía.

- ¿Te ha molestado mi pregunta, es eso?-dijo con la voz rara.

Me gire para observarla y entonces comprendí que había sido un capullo. Tenía los ojos llorosos. Mierda, no íbamos a poder llegar al apartamento. Me dirigí a un descampado que había junto a un acantilado. La noche era tan oscura que el mar no se diferenciaba a la distancia pero el ruido de las olas al chocar con el mar llegaba hasta mis oídos.

Paré el coche, eché el asiento hacia atrás, y después hice lo mismo con Noah. Tiré de ella hasta que estuvo sentada a ahorcajadas sobre mí y sin dejarla decir nada uní mis labios a los de ella. Le abrí la boca con mi lengua y empecé a acariciarle la suya con una pasión que me consumía por dentro.

-Tú pregunta me ha puesto a cien, eso es lo que ocurre-le expliqué tirando del vestido que llevaba puesto y sacándoselo por la cabeza. Joder, no tenía sujetador y sus pechos quedaron libres para que yo pudiese acariciarlos.

Con una mano en su espalda la acerqué a mi boca y me llevé un pezón a los labios. Ella soltó un suspiro entrecortado mientras que con la otra mano le acariciaba el otro pecho, despacio derritiéndola bajo mis caricias. Sus manos se entrelazaron en mi pelo y me guiaron hacia su otro pecho que ansiaba de la misma atención.

Me aparté un segundo después y la miré. Sus ojos estaban vidriosos de deseo, y tuve que controlarme para no penetrarla justo entonces, con violencia y sin dar pie a preliminares ni ostias.

-Me vuelves loco-dije acercando mi boca a su cuello, y lamiéndola de arriba abajo. Con mi otra mano aparté la tela de sus bragas y le metí un dedo hasta al fondo, estaba tan húmeda que se deslizó sin ningún tipo de impedimento.

- ¡Nicholas!-gritó, cuando le metí dos. Empezó a moverse contra mi mano, justo como le había enseñado, pero no iba a dejar que se corriese así, no ni de coña, iba acorrerse conmigo dentro.

Me detuve justo cuando estaba a punto de llegar.

Su mano tiró de mi pelo hacia atrás.

- ¿Qué haces?-soltó con la mirada oscura, tuve que contener las ganas de reírme, Noah cabreada mientras hacíamos esto nunca había ocurrido, y sabía que estaba sacando lo peor de ella misma, o lo mejor, dependiendo de cómo se viera.

-Hoy me toca a mí, nena-dije levantándola y abriéndome la bragueta.

Era un alivio que Noah tomase las pastillas anticonceptivas desde antes de conocerme, hubiese odiado no poder sentirla al completo, justo como lo estaba haciendo ahora; La penetré con cuidado, a pesar de mi deseo de hacérselo a lo bestia. No quería hacerle daño, pero su respuesta fue tan apasionada que tuve que controlarme para no correrme de inmediato. Empezó a moverse encima de mí y tuve que sujetarla con fuerza para mantenerla quieta.

-Despacio-dije juntando nuestras frentes y esperando que sus ojos se clavaran en mí. Cuando lo hizo, le di un beso rápido en los labios, nuestras respiraciones estaban demasiado aceleradas como para poder besarnos en profundidad.

La levanté y la hice bajar sobre mi miembro despacio, llenándola por completo. Echó la cabeza hacia atrás, y yo tuve que volver a controlar mis instintos más primitivos.

Volví a subirla, y ella empezó a moverse como yo quería que lo hiciese; finalmente ambos terminamos por acelerar el ritmo, pero siempre mirándonos, sus manos se sujetaban con fuerza de mis hombros y la sujeté fuerte de la cintura, me moví entrando todo lo que pude hasta que Noah soltó un grito de placer que me llevó a mí al éxtasis. Nos corrimos juntos y no dejé de moverme hasta que ella no dejó de suspirar de placer...

-Te quiero-dije cuando fui capaz de hablar. La tenía recostada encima de mí, su cabeza en mi cuello mientras que mis manos se deslizaban por su espalda desnuda, de arriba abajo, muy despacio.

No me contestó, creo que estaba dormida, o demasiado agotada para hablar. Pero entonces sentí sus labios en mi cuello. Un beso tierno, suave, un beso de Noah.

-Te quiero tanto que me duele-dijo entonces.

La obligue a mirarme a la cara. Cogí su rostro entre mis manos y busque sus ojos con los míos.

- ¿Por qué lloras?

Siempre me saltaba la alarma con Noah, siempre sentía que había una parte de ella que estaba a kilómetros de mí, una parte que ella mantenía oculta, y me hacía sentir que no era mía por completo, que no lo sería hasta derrumbar esa barrera que sabía seguía ahí, entre los dos.

-Prométeme que nuca vas a dejarme-dijo entonces.

¿Cómo podía dudarlo siquiera? ¿No entendía que la amaba más de lo que se podía amar a nadie en toda una vida? ¿No comprendía que sin ella mi mundo era una noche oscura, un universo sin planetas, sin estrellas, sin nada?

-Nunca en la vida te dejaré.

Sus ojos parecieron aliviados un segundo y felices después.

Posé mis labios sobre los suyos, sellando mí promesa.





Capítulo 5


NOAH

Me graduaba. No sé si ya habéis pasado por algo así, pero es una sensación maravillosa; ya sé que todavía me quedaba lo más difícil, aún tenía que ir a la universidad y en realidad visto con perspectiva, todavía quedaba lo peor, pero graduarse en el instituto es algo que no se le puede comparar con nada. Es un paso hacia la madurez, un paso hacia la independencia, y es una sensación tan gratificante que me temblaba todo el cuerpo cuando esperaba en fila junto a mis compañeros a que dijesen nuestros nombres.

Íbamos por orden alfabético, así que Jenna estaba varios puestos por detrás de mí. La ceremonia la habían organizado a la perfección, en los jardines del colegio, con grandes paneles que rezaban: promoción de 2015 con una elegancia exquisita. Aún recordaba cómo eran las ceremonias en mi antiguo instituto, y si no me equivocaba se hacían en el gimnasio, con algún globo decorativo y poco más. Aquí habían decorado hasta los árboles que rodeaban los jardines.

Las sillas en donde estaban los familiares y amigos, estaban forradas por telas carísimas, de color verde y blanco siguiendo los colores del colegio. Nuestras togas, del mismo color verde eran diseñadas por una modista de renombre, y el 2015 que colgaba de mi birrete estaba hecho con diamantes de Swarovski, era una locura, un despilfarro de dinero increíble, pero había aprendido a no escandalizarme con el tiempo, vivía rodeada de multimillonarios y para ellos esto era algo normal.

- ¡Noah Morgan!-gritaron entonces por el micrófono. Me sobresalté, y nerviosa subí las escaleras para recoger mi título. Miré con una radiante sonrisa hacia las filas de familiares y vi como Nick y mi madre aplaudían, de pié, tan ilusionados como yo.

Me reí al ver a mi madre pegando saltitos como una loca, le estreché la mano a la directora y me reuní con los demás graduados.

La chica que me había superado en la media por dos décimas, subió a la tarima después de que nos hubiesen dado el diploma e hizo el discurso de graduación. Fue emocionante, divertido y muy bonito, nadie lo habría hecho mejor. Jenna a mi lado se le escaparon algunas lágrimas y yo me reí intentando contener las ganas de seguir su ejemplo.

A pesar de que solo había estado allí un año, había sido uno de los mejores años de mi vida. Después de dejar mis prejuicios a un lado, había conseguido en ese colegio no solo una magnífica preparación preuniversitaria sino que unas amigas estupendas.

Kat estaba a mi lado, sonándose la nariz con estruendo y cuando terminó el discurso llegó la frase que todos estábamos esperando.

- ¡Felicidades promoción de 2015, somos libres!-gritaron con emoción por el micrófono.

Todos nos levantamos y tiramos el birrete sobre nuestras cabezas. Jenna me estrechó en un abrazo que casi me dejó sin respiración y Kat se nos unió derramando lágrimas sobre nuestras togas.

- ¡Y ahora fiesta!-gritó Jenna aplaudiendo y saltando como una loca. Solté una carcajada y pronto nos vimos rodeadas de miles de familiares que se acercaban para saludar a sus hijos. Las tres nos despedimos momentáneamente y nos fuimos en busca de nuestros respectivos padres.

Unos brazos me rodearon por detrás, con fuerza, y me levantaron del suelo.

- ¡Felicidades empollona!-me dijo Nick al oído depositándome en el suelo y dándome un sonoro beso en la mejilla. Me giré y le eché los brazos al cuello.

- ¡Gracias! ¡No me lo creo todavía!-dije con mi cara enterrada en su cuello y sus brazos abrazándome con fuerza.

Me depositó en el suelo, y antes de que pudiera darle un beso mi madre apareció, y metiéndose entre los dos, me estrechó entre sus brazos.

- ¡Te has graduado, Noah!-gritó como una colegiala, saltando y obligándome a mí a hacer lo mismo. Me reí, al mismo tiempo que veía como Nick sacudía la cabeza con indulgencia y se reía de mi madre y de mí. William se detuvo a nuestro lado, y después de que mi madre me soltara me dio un cariñoso abrazo.

-Tenemos una sorpresa para ti-me dijo un momento después.

Miré a los tres con suspicacia.

- ¿Qué habéis hecho?-dije con una sonrisa.

Nick me cogió de la mano y tiró de mí.

-Vamos-dijo y seguí a los tres por los jardines. Había tanta gente a nuestro alrededor que tardamos lo nuestro hasta llegar al aparcamiento.

Mirara donde mirase había coches con lazos gigantes, algunos de llamativos colores brillantes, otros con globos atados a los espejos. Madre mía, ¿Qué padre podía estar tan loco como para comprar semejantes cochazos a críos de 18

años?

Entonces Nick me cubrió los ojos con una de sus grandes manos y empezó a guiarme por el aparcamiento.

- ¿Pero qué haces?-le pregunté riéndome cuando me tropecé con mis propios pies. Empecé a sentir un cosquilleo de inquietante emoción.

¿No habrán...?

-Por aquí, Nick-le dijo mi madre, más emocionada de lo que la había oído en mi vida. Nick me obligó a girar el cuerpo y se detuvo.

Un segundo después, su mano se apartó de mis ojos y me quedé con la boca abierta, literalmente.

-Dime que ese descapotable rojo no es para mí-susurré con incredulidad.

- ¡Felicidades!-gritaron William y mi madre con sonrisas radiantes.

Nick me puso unas llaves delante de las narices.

-Se acabaron las escusas para no poder venir a visitarme-dijo contento para después inclinarse y darme un pico que me obligó a cerrar la boca.

- ¡Estáis locos!-grité histérica cuando volví a la tierra.

Joder, me habían comprado un puto Audi.

- ¡Dios mío, Dios mío!-empecé a gritar como una loca.

- ¿Te gusta?-me preguntó William.

- ¿Estas de broma?-le contesté saltando de arriba abajo, Dios estaba tan eufórica que no sabía ni qué hacer.

Fui corriendo a mi madre y William y los estreché en un abrazo que casi los deja sin respiración.

-No me lo creo, en serio-dije subiéndome al coche. Era precioso, rojo y reluciente, mirara donde mirase parecía relucir.

A mi lado se escuchaban varios gritos de jubilo, no era la única a la que le habían regalado un coche por graduarse, había más lazos gigantes ene se aparcamiento que en ninguna tienda de manualidades y eso seguro.

-Es un Audi R8 Spyder-me dijo Nick, montándose a mi lado.

Sacudí la cabeza, aún en shock.

-Esto es increíble-dije metiendo las llaves y escuchando el dulce ronroneo del motor.

-Tú, eres increíbleme dijo y sentí una calidez en mi interior que me llevó al quinto cielo.

Me perdí momentáneamente en su mirada y en la felicidad que sentía en ese instante. MI madre tuvo que llamarme dos veces para volver a la tierra. Nick a mi lado soltó una risita.

- ¿Nos vemos en el restaurante?-me preguntó con William abrazándola por los hombros.

Mi madre había hecho una reserva en uno de los mejores restaurantes de la cuidad. Después de cenar todos en familia yo tenía la fiesta de graduación. Como os he dicho antes, los alumnos del St. Mary no se conformaban con hacer una fiesta en el gimnasio y con globos y punto; habían hecho una reserva en el Four Seasons de Beverly Hills, y no solo habían contratado el mejor cátering y el salón más grande con cabida para más de 500 personas sino que habían alquilado dos plantas enteras del hotel para poder quedarnos a dormir todos aquella noche y no tener que regresar a casa hasta el día siguiente. Era una locura, y al principio me había quejado, ya que todo eso lo apagábamos nosotros, con descuento ya que el padre de un compañero nuestro era el dueño del hotel, pero aún así había costado todo un dineral.

-Mi graduación la hicimos en un crucero, no regresamos a casa hasta después de cinco días-me había contado Nicholas cuando le hice llegar mi asombro ante lo que mis compañerismo estaban planeando. Después de esa contestación decidí guardarme mis opiniones para mí.

Asentí entusiasmada muerta de ganas de empezar a conducir aquella maravilla de coche. Los asientos eran de cuero beige y todo estaba tan nuevecito con ese olor a coche nuevo... un olor que en mi vida había olido hasta ahora...

Metí las llaves en el contacto y salí del aparcamiento, dejando el colegio atrás... para siempre.

-Noah, afloja, te estás pasando-me regaño Nick a mi lado. El viento nos daba en la cara, echándonos el pelo hacia atrás y yo no podía dejar de reírme.

El sol se estaba poniendo y las vistas que tenía en aquel instante eran impresionantes, los coches pasaban a mi lado, el cielo estaba pintado de mil colores, entre rosados y naranjas y las estrellas empezaban a entreverse en el cielo despejado y sin nubes. Era una perfecta noche de verano, y sonreí pensando en el mes y medio que tenía por delante para estar con Nick, juntos de verdad, sin exámenes, ni trabajo, ni nada de nada, teníamos seis semanas para estar juntos antes de que me mudara a la cuidad y no podía dejar de sonreír ante ese futuro tan perfecto.

-Joder, no deberíamos haberte comprado este coche-dijo entre dientes a mi lado. Lo miré poniendo los ojos en blanco y desaceleré.

- ¿Contento, abuelita?-le dije pinchándolo. Me encantaba correr, eso no era ninguna novedad.

-Sigues superando el límite de velocidad-agregó mirándome seriamente. Le ignoré, no pensaba bajar a 100, 120 estaba bien, además todo el mundo corría en aquella ciudad, y por eso me encantaba.

-Supongo que no se pueden cambiar los genes-dijo un segundo después, lo dijo de broma, lo sabía, pero la sonrisa que tenía en el rostro pareció congelarse hasta finalmente desaparecer.

Había intentado con todas mis fuerzas no volver a pensar en mi padre, y menos aquel día, lo intentaba con todas mis fuerzas pero cualquier cosa me lo traía a la mente, y no había podido evitar sentir nostalgia al ver a todas mis amigas con sus padres en aquel día tan especial. No dejaba de preguntarme como habría sido aquella graduación si mi padre no hubiese estado loco... y muerto. Estaba segura que no sería Nick el que estuviese sentado a mi lado, y también estaba segura que no me habría insistido en que bajase la velocidad...

¿Pero qué demonios estaba pensando? Mi padre era un alcohólico, un criminal con instintos asesinos, había intentando matarme ¿qué demonios me ocurría? ¿Cómo podía echarle de menos? ¿Cómo podía seguir imaginándome aquella vida que nuca había existido ni existiría jamás?

- ¿Noah?-oí que me llamaba Nick. Sin darme cuenta había bajado la velocidad casi a 60, los coches a mi lado me pitaban y me adelantaban. Sacudí la cabeza, me había perdido en mí misma otra vez.

-Estoy bien-dije sonriendo, e intentando regresar a aquel estado de euforia en el que me encontraba hacía pocos minutos. Le di al acelerador e ignoré ese pinchazo que aun sentía en el corazón.

No tardamos mucho más en llegar al restaurante. Era precioso, nunca había estado allí, y estaba emocionada por probar la comida. Le había dicho a mi madre que me daba igual donde cenar, siempre y cuando tuviesen el mejor pastel de chocolate; esa era mi petición.

Mi madre y Will debían de estar al caer, me bajé del coche y Nick se me acercó. Estaba guapísimo, con pantalones oscuros, camisa blanca y corbata gris, me enamoraba cuando lo veía tan empresarial, como yo le llamaba. Me sonrió como solo lo hacía cuando estaba conmigo, y me observó con ojos oscuros cuando pasé a quitarme la toga que aún llevaba puesta. Debajo me había vestido con un mono de color rosa claro, se me pegaba al cuerpo como un guante y tenía figuras geométricas en mi espalda, dejando cachitos de piel a la vista.

-Estás espectacular-me dijo colocando una mano en la parte baja de mi espalda y atrayéndome a él con cuidado. Ni siquiera con los tacones que llevaban puestos estábamos a la misma altura. Mis ojos se fijaron en sus labios, en lo atractivo que era, todo él, y era mío, de nadie más.

-Tú también-le dije riéndome sabedora de lo poco que le gustaba que le dijera piropos. No entendía por qué, pero se sentía realmente incómodo cuando le hacía saber lo guapo que era. No era ningún secreto, solo llevábamos allí en el aparcamiento tres minutos y ya se habían girado más de cinco mujeres a hacerle un repaso del todo descarado.

Antes de que pudiera decirle nada más, me calló con un beso.

-Hoy pasamos la noche juntos-le dije cuando se separó un segundo después. El beso había durado demasiado poco para mi gusto.

Sus ojos me miraron con deseo.

-Estoy pensando en raptarte y que te vengas todo el verano a vivir conmigo al piso-me soltó entonces.

Por un momento la imagen de los dos viviendo bajo el mismo techo, pero sin padres alrededor, hizo que se me hinchara el corazón... aunque era una locura claro está.

-No te diría que no-dije en broma y disfrutando del silencio que vino a continuación. No se esperaba esa respuesta.

Hice el amago de caminar hacia la puerta del restaurante pero tiró de mí, obligándome a quedarme quietecita donde estaba.

Mucha gente vestida muy elegantemente entraba y salía por las inmensas puertas exquisitamente decoradas.

- ¿Vendrías?-me preguntó acorralándome contra el coche.

Levanté las manos hasta su cuello y lo abracé atrayéndolo hacía a mí. Iba darle un beso en los labios pero se echó hacia atrás esperando una respuesta a su pregunta.

Sonreí divertida, deseando seguir con ese juego.

-No me importaría pasar las noches contigo, desnudos... en tú cama-dije acariciándole el pelo con uno de mis dedos.

Sus ojos me miraron hambrientos. Estaba seduciéndolo, una táctica que había descubierto se me daba realmente bien, pero Nick odiaba que lo provocara en público.

-No empieces algo que no puedas a cavar-me soltó entonces, inclinándose para poder atrapar mis labios entre los suyos; ahora fui yo quien decidió echar la cabeza hacia atrás.

Nuestras miradas se encontraron, la mía divertida, la de él peligrosa y terriblemente sexy.

Acerqué mi boca a su cuello, viendo como cerraba los ojos antes incluso de que llegase a rozarle con mis labios. Había descubierto que un solo roce de mi boca en cierto punto concreto lo dejaba totalmente fuera de juego.

Sabía que no podía pasarme, estábamos en medio de un parking y nuestros padres estaban a punto de llegar, pero le deseaba tanto...

-Esta noche...-dije depositando calientes besos en su barbilla, bajando hasta su cuello y deslizando la punta de mi lengua hasta llegar a su oreja-Hazme tuya, Nick.

Entonces su mano se colocó en mi cintura, mientras que la otra subía hasta mi nuca, obligándome a echar la cabeza hacia atrás.

-No tengo que hacerte mía, eres mía-dijo antes de besarme como estaba deseando hacer desde que habíamos llegado.

Su lengua se introdujo en mi boca sin tapujos ni recato; arremetió contra la mía con locura desenfrenada, saboreándome o castigándome, no sabía muy bien qué.

Era increíble lo que causaba su presencia en mi metabolismo, su contacto, todo él, me volvía loca, daba igual cuanto tiempo pasase, daba igual que ayer hubiésemos pasado todo el día juntos... nunca me cansaba de él, nunca perdía esa atracción dolorosa que parecía unirnos como si fuésemos imanes.

Pero antes de que mi cuerpo se derritiera, o más bien encendiera como una hoguera en medio del desierto, el estruendo de una bocina nos hizo pegar un salto, apartándonos bruscamente el uno del otro. Me hice daño y me llevé automáticamente la mano a la boca. Joder.

-Tú madre-dijo él con mala cara.

-Tú padre-contraataqué yo.

La cosa es que ambos nos fulminaron con la mirada.

Mi madre se bajó del coche y vino hacia a nosotros.

- ¿Podéis cortaros? estamos en un sitio público-dijo mirando de forma acusadora a Nick. La verdad es que últimamente siempre lo miraba bastante mal, no me hacía ninguna gracia, iba a tener que hablar con ella del tema. William apareció un segundo después.

La mirada que le lanzó a su hijo me puso los pelos de punta.

-Vamos a comer-dijo con frialdad, cogiendo a mi madre de la mano. Nicholas frunció el ceño, tenso como siempre que estábamos con nuestros padres y me cogió la mano un segundo después.

Sentí su dedo acariciarme los nudillos lentamente.

- ¿Estás bien?-me preguntó, mirando mis labios.

Asentí, solo me había mordido, en otra ocasión me habría derretido de placer pero nos habían cortado bruscamente.

Dios, no veía la hora de estar a solas con él.

Cuando entramos al restaurante, me di cuenta de que no éramos los únicos que habíamos elegido aquel sitio para celebrar la graduación. Varios compañeros de clase me saludaron al vernos pasar y les sonreí a todos con alegría. El metre nos llevó a una mesa que habían preparado en la terraza. Estaba junto a una piscina y miles de velas rodeaban tanto nuestra mesa como las de las personas que habían preferido cenar al aire libre. El sitio era muy acogedor y la música relajante del piano sonaba a lo lejos; no me di cuenta después de varios minutos de que el piano lo tocaban en directo.

Nicholas se sentó a mi lado y frente a nosotros nuestros padres. No sé porque, pero de repente me sentí incómoda.

Una cosa era comer pizza en la cocina de mi casa los cuatro y otra muy distinta sentarnos todos a cenar en un sitio como aquel; además hacía meses que Nick no se quedaba a cenar en familia y pude casi tocar más que sentir la tensión que había en el ambiente.

Al principio todo fue muy bien, mi madre, como siempre no se callaba ni debajo del agua, hablamos de todo, de mi coche nuevo, de la universidad, de Nick, de su trabajo, de la nueva empresa de William, que yo sabía Nick ansiaba dirigir algún día, y poco a poco empecé a sentirme más cómoda, además mi madre no se dirigía a nosotros como pareja, lo que podía ser bastante cómodo o irritante, depende de cómo se mirase.

No fue hasta pasado el postre, después de que me terminara un pedazo de tarta de chocolate exquisita, que mi madre no decidió soltar lo que seguramente había estado guardándose durante semanas.

-Tengo otra sorpresa para ti-me dijo cuando los cuatro ya no podíamos comer nada más. Me llevé la copa de agua a la boca, tan satisfecha y feliz que no me esperé el bombazo que soltó un segundo después- ¡Nos vamos de viaje de chicas por Europa durante cuatro semanas!

Espera... ¿qué?





¡Hola a todos! No ha pasado tanto tiempo, menos de una semana, y aquí tenéis otro capítulo, ¿que os ha parecido? Sé que estáis deseosos de que empiece a subir capítulos más rápido, pero es imposible mientras aún esté escribiendo el libro. Espero que os haya gustado y porfa hacerme saber que os ha parecido, muero por vuestros comentarios, como siempre :) Muchos besos a todos!!!





Capítulo 6


NICK

Ni de coña.

Creo que la mirada que le lancé a aquella mujer fue tal que hasta mi padre se quedó momentáneamente sin nada que decir. A mi lado Noah se había quedado callada tras mirarme unos segundos.

- ¿Mamá te has vuelto loca?-exclamó con fingida alegría.

¿Por qué coño fingía? ¿Por qué demonios no estaba diciéndole que ni de puta coña iba a irse todo el verano a la otra punta del mundo sin mí?

-Te estás haciendo mayor, y ya te vas a ir a la universidad...-

empezó a decir Rafaella sin siquiera mirarme, por eso seguía hablando, estaba seguro de que si sus ojos se posaban en mi rostro sus labios habrían dejado de moverse inmediatamente, petrificada de terror. -Creo que es la última oportunidad que tenemos de hacer algo juntas, y sé que seguramente no te haga tanta ilusión como a mí, p-p-ero-Y

entonces se puso a llorar.

Me llevé la copa a la boca, intentando controlar mis impulsos asesinos. Tenía la mano de Noah tan sujeta por debajo de la mesa que creo que se le había dormido, pero o eso, o perdía los papeles y empezaba a soltar las mil y una maldiciones que me estaba tragando con todo mi esfuerzo.

Mi padre me miró un momento de reojo y se llevó la copa a los labios. ¿Había sido idea suya? ¿Había sido él quien le había metido aquella locura de idea a su mujer?

Pero qué coño me preguntaba, por supuesto que había sido su idea, era él el que pagaba el puto viaje.

Entonces mi última esperanza flaqueó.

-Claro que quiero ir mamá-dijo Noah a mi lado, y sus palabras fueron como una bofetada en toda la cara.

¿Es que acaso yo no pintaba nada en aquella decisión? ¿Qué coño estaba haciendo allí sentado?

Le solté la mano debajo de la mesa; me estaba cabreando cada vez más; o me iba de allí o terminaría por soltar todo lo que estaba pensando, pero entonces comprendí que con irme no solucionaría nada, en otra ocasión habría montado una escena, pero ahora eso no me serviría, si quería que me tomasen en serio, si quería que nos tomasen en serio debía quedarme y presentar mi puta opinión: Que no iban a arrebatarme a mi novia durante un mes entero.

Noah, al ver que le soltaba la mano giró su rostro hacia a mí. La miré un segundo y vi que aquello la martirizaba tanto como a mí, bueno algo era algo.

Antes de que Rafaella pudiese decir nada más la interrumpí.

- ¿No crees que deberías habernos consultado antes de pagar el viaje?

Creo que había utilizado toda mi fuerza de voluntad para formular aquella pregunta en ese tono de voz calmado que acaba de emplear. Si de verdad hubiese dicho lo que quería le habría gritado lo siguiente: ¿Pero qué coño te pasa? Sobre mi puto cadáver te vas a llevar a Noah lejos de mí un mes, haber si te enteras de una puñetera vez que estamos juntos, que no tenemos quince años y que queremos permanecer encerrados en mi apartamento al menos una semana entera para simplemente follar y follar hasta que nos quedemos sin fuerzas y tengamos que salir a la luz del ¡puto sol!

Rafaella se giró hacía a mí. Fue en esa mirada cuando comprendí que cualquier esperanza de que la madre de Noah me aceptara como su novio había desaparecido. No me quería para Noah, y su rostro lo dejaba totalmente claro.

-Nicholas, es mi hija, que apenas acaba de cumplir dieciocho años, es aún una niña y quiero pasar con ella un mes de vacaciones ¿tan difícil es de entender?

Antes de que pudiese decir nada, Noah saltó en mi defensa.

-Mamá, no soy una niña ¿vale?-dijo echándose el pelo hacia atrás. Vale, perfecto estaba cabreada, así me gusta, adelante Noah. -No le hables así a Nick, es mi novio, tiene todo el derecho a no estar contento con este viaje.

No estar contento se quedaba corto, pero dejé que siguiera hablando.

Rafaella ahora miraba a su hija, tenía los ojos aún llorosos de haber llorado antes, y la cara de martirio que puso me dio ganas de vomitar.

-Iré al viaje.

¡¿Qué?!

-Pero este será el último, la próxima vez o vamos todos o no voy-agregó ignorando como sus palabras eran procesadas por mi cerebro consiguiendo que de pronto lo viera todo rojo.

Su madre sonrió y sentí tal calor en el cuerpo que me puse de pié.

Mi padre me miró, advirtiéndome con la mirada.

-Me largo-dije intentando controlar la voz. Tenía tantas ganas de pegarle a alguien que mis manos se habían convertido en puños. Noah se levantó a mi lado. No sé si quería que viniese conmigo, estaba tan cabreado con ella como con su madre.

-Nicholas, siéntate-me dijo mi padre mirando alrededor.

Siempre las putas apariencias, y siempre esa mirada de decepción es su rostro. Empecé a caminar hacia la salida, ni siquiera me detuve a esperar a Noah, necesitaba salir a que me diera el aire.

Cuando salí fuera, me fui directamente al coche, dándome cuenta de que no tenía ni siquiera las llaves, ese no era mi puto coche. Me giré y apoyé mi espalda en la puerta del conductor. Noah estaba caminando hacia donde yo estaba.

Esos tacones que llevaba no la habían dejado seguir mi ritmo. Saqué un cigarro del bolsillo y lo encendí, importándome una mierda que le molestase que fumase.

Cuando llegó a mi lado se detuvo, sus mejillas sonrojadas, y sus ojos buscando los míos. Fijé mi mirada en la gente que entraba en el restaurante. Le di una calada al cigarro y solté el humo, sabiendo que le llegaría, y que le molestaría, bien, se lo tenía merecido por querer abandonarme durante un puto mes.

-Nicholas, yo no...

-Cállate, Noah-la corté.

Escuché como respiraba hondo y desvíe mi mirada a su rostro. Había sido brusco, lo sabía pero no sabía cómo controlar lo que sentía en aquel momento. Odiaba no tener ningún tipo de derecho sobre ella, daba igual que llevásemos saliendo ocho meses, daba igual que fuese mi novia, yo seguía sin decidir absolutamente nada en lo que a ella concernía, y era en estos momentos cuando notaba que los cinco años que le sacaba parecían ser un abismo entre los dos, porque si se tratara de una chica de 23 como yo, no tendríamos que estar discutiendo algo como esto, no habría madres de por medio, las decisiones las tomaríamos juntos, como pareja, y no tendría que estar ahora con ganas de matar a alguien.

- ¿Qué querías que hiciera?-dijo entonces adelantándose y colocándose delante de mí.

I